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Ingreso/registro de miembros
fieles a la Iglesia Primitiva de Jesucristo.
Se requieres de datos verificables y fotografía reciente. |
| Si alguno
tiene sed, venga a mí y beba.
El que
cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua
viva.
Juan 7:37-38 |
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Septuaginta
Septuaginta, denominación que recibe la antigua traducción griega del Antiguo
Testamento hebreo. El término se deriva de la palabra latina septuaginta
('setenta', de ahí su acostumbrada abreviatura LXX), que se refiere a los 70
(quizá 72) traductores que se consideró habían sido nombrados por el sumo
sacerdote hebreo de aquellos tiempos para traducir al griego la Biblia hebrea a
instancias del rey de Egipto Tolomeo II Filadelfo (285-246 a.C.).
La leyenda de los 70 traductores contiene elementos de verdad, ya que la Torá
(los cinco libros de Moisés: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio)
tal vez fuera traducida a la lengua griega en el siglo III a.C. para atender a
las necesidades espirituales de los judíos que vivían fuera de Palestina y que,
al hablar griego, habían perdido la posibilidad de leer sus Sagradas Escrituras
en el original hebreo. La traducción de los demás libros del Antiguo Testamento
hebreo, la adición al mismo de libros y otros capítulos (los libros
deuterocanónicos) y la producción final del Antiguo Testamento griego como
Biblia de la primera Iglesia cristiana, constituye una historia muy compleja.
Por cuanto la Septuaginta, en lugar del texto hebreo, se convirtió en la Biblia
de la Iglesia primitiva, hacia el siglo III se realizaron otras traducciones
judías al griego de la Biblia hebrea; de éstas sobreviven sólo algunos
fragmentos, y su historia es aún más oscura que la de la Septuaginta.
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Juan
6:53
Jesús
les dijo:
De
cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y
bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el
día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me
come, él también vivirá por mí.
Este es
el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron;
el que come
de este pan, vivirá eternamente.
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