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El que
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viva.
Juan 7:37-38 |
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San Agustín de Hipona
1 INTRODUCCIÓN
San Agustín de Hipona (354-430), teólogo cristiano, el más grande de los Padres
de la Iglesia y uno de los más eminentes Doctores de la Iglesia occidental.
2 PRIMEROS AÑOS DE SU VIDA
Nació el 13 de noviembre del 354 en Tagaste, Numidia (actual Souk-Ahras,
Argelia). Su padre, Patricio (fallecido hacia el año 371), era un pagano (más
tarde convertido al cristianismo), pero su madre, Mónica, era una devota
cristiana que dedicó toda su vida a la conversión de su hijo, siendo
posteriormente canonizada por la Iglesia católica. Agustín se educó como
retórico en las ciudades norteafricanas de Tagaste, Madaura y Cartago. Entre los
15 y los 30 años de edad vivió con una mujer cartaginesa cuyo nombre se
desconoce, con la que en el año 372 tuvo un hijo, Adeodatus, que en latín
significa ‘regalo de Dios’.
3 CONVERSIÓN
Inspirado por el tratado filosófico Hortensius, del orador y estadista romano
Marco Tulio Cicerón, se convirtió en un ardiente buscador de la verdad,
estudiando varias corrientes filosóficas antes de ingresar en el seno de la
Iglesia. Durante nueve años, desde el 373 hasta el 382, se adhirió al
maniqueísmo, filosofía dualista de Persia muy extendida en aquella época por el
Imperio romano de Occidente. Con su principio fundamental de conflicto entre el
bien y el mal, el maniqueísmo le pareció una doctrina que podía corresponder a
la experiencia y proporcionar las hipótesis más adecuadas sobre las que
construir un sistema filosófico y ético. Además, su código moral no era muy
estricto; Agustín recordaría posteriormente en sus Confesiones: “Concédeme
castidad y continencia, pero no ahora mismo”. Desilusionado por la imposibilidad
de reconciliar ciertos principios maniqueístas contradictorios, abandonó esta
doctrina y dirigió su atención hacia el escepticismo.
Hacia el 383 se trasladó de Cartago a Roma, pero un año más tarde fue enviado a
Milán como maestro de Retórica. Aquí se movió bajo la órbita del neoplatonismo y
conoció también al obispo de la ciudad, san Ambrosio, uno de los eclesiásticos
más distinguidos en aquel momento. Fue entonces cuando se sintió atraído de
nuevo por el cristianismo. Un día, por fin, según su propio relato, creyó
escuchar una voz, como la de un niño, que repetía: “Toma y lee”. Interpretó esto
como una exhortación divina a conocer las Sagradas Escrituras y leyó el primer
pasaje que apareció al azar: “... nada de comilonas y borracheras, nada de
lujurias y desenfrenos, nada de rivalidades y envidias. Revestíos más bien del
Señor Jesucristo, y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus
concupiscencias” (Rom. 13, 13-14). En ese momento decidió abrazar el
cristianismo. Fue bautizado con su hijo natural por Ambrosio la víspera de
Pascua del año 387. Su madre, que se había reunido con él en Italia y que
moriría poco después en Ostia, se alegró de esta respuesta a sus oraciones y
esperanzas.
4 OBISPO Y TEÓLOGO
Regresó al norte de África y, tras ser ordenado sacerdote en el 391, fue
consagrado obispo de Hipona (en la actual Annaba, Argelia) en el 395, dignidad
que desempeñaría hasta su muerte. Fue un periodo de gran agitación política y
teológica, ya que mientras los pueblos germanos amenazaban el Imperio llegando a
saquear Roma en el 410, el cisma y la herejía amenazaban también la unidad de la
Iglesia. Agustín emprendió con entusiasmo la batalla teológica. Además de
combatir la herejía maniqueísta, participó en dos grandes conflictos religiosos.
Uno de ellos con el donatismo, secta que mantenía la invalidez de los
sacramentos si no eran administrados por eclesiásticos sin pecado. El otro lo
mantuvo con los seguidores del pelagianismo, que negaban la doctrina del pecado
original. Durante este conflicto, que fue largo y enconado, Agustín desarrolló
sus doctrinas del pecado original y de la gracia divina, de la soberanía divina
y de la predestinación. La Iglesia católica apostólica romana ha encontrado
especial satisfacción en los aspectos institucionales o eclesiásticos de las
doctrinas de san Agustín; la teología católica, lo mismo que la protestante,
están basadas en su mayor parte, en las teorías agustinianas. Juan Calvino y
Martín Lutero, líderes de la Reforma, fueron estudiosos del pensamiento de san
Agustín.
La doctrina agustiniana se situaba entre los extremos del pelagianismo y el
maniqueísmo. Contra la doctrina de Pelagio mantenía que la desobediencia
espiritual del hombre se había producido en un estado de pecado que la
naturaleza humana era incapaz de cambiar. En su teología, los hombres y las
mujeres son salvados por el don de la gracia divina; frente al maniqueísmo,
defendió con energía el papel del libre albedrío en unión con la gracia. San
Agustín falleció en Hipona el 28 de agosto del 430. Su festividad se celebra el
28 de agosto.
5 OBRAS
La importancia de san Agustín entre los Padres y Doctores de la Iglesia es
comparable a la de san Pablo entre los apóstoles. Como escritor, fue prolífico,
convincente y un brillante estilista. Su obra más conocida es su autobiografía
Confesiones (397-401), donde narra sus primeros años y su conversión. En su gran
apología cristiana La ciudad de Dios (413-426), formuló una filosofía teológica
de la historia. De los 22 libros que componen esta obra, 10 están dedicados a
polemizar sobre el panteísmo. Los otros 12 se ocupan del origen, destino y
progreso de la Iglesia, a la que considera como oportuna sucesora del paganismo.
Entre el 426 y el 427 escribió las Retractiones, donde expuso su veredicto final
sobre sus primeros libros, corrigiendo todo lo que su juicio más maduro
consideró engañoso o equivocado. Sus otros escritos incluyen las Epístolas, de
las que 270 se encuentran en la edición benedictina, fechadas entre los años 386
y 429; sus tratados, entre los que destacan De libero arbitrio (388-395), De
doctrina christiana (396-397), De Trinitate (399-401) y De natura et gratia
(413); y homilías sobre diversos libros de la Biblia.
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Juan
6:53
Jesús
les dijo:
De
cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y
bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el
día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me
come, él también vivirá por mí.
Este es
el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron;
el que come
de este pan, vivirá eternamente.
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