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viva.
Juan 7:37-38 |
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San Pablo
1 INTRODUCCIÓN
San Pablo (c. 10-62), primer teólogo del cristianismo y el más importante de sus
misioneros, por lo que también fue llamado el Apóstol de los gentiles.
2 VIDA
Nació en Tarso (en la actual Turquía) y recibió de sus padres, fieles
cumplidores de la religión judaica, el nombre de Saulo (por el antiguo rey
hebreo Saúl). Al octavo día fue circuncidado (como estipulaba la Ley judía) y se
educó, con el máximo rigor, de acuerdo con la interpretación farisaica de la
Ley. Como joven judío de la diáspora, escogió el nombre latino de Pablo, por la
similitud fonética de éste con el suyo.
Sus epístolas posteriores reflejan un conocimiento profundo de la retórica
griega, algo que sin duda aprendió en Tarso cuando era joven. Pero sus modelos
de pensamiento reflejan también una educación formal en la Ley mosaica, quizá
recibida en Jerusalén del famoso maestro Gamaliel el Viejo durante su
preparación para convertirse en rabino. Destacado estudioso de la Ley y defensor
acérrimo de la ortodoxia judía (Gál. 1,14; Flp. 3,6), su celo lo llevó a
perseguir a la naciente Iglesia cristiana por considerarla una secta hebrea
contraria a la Ley que debía ser destruida (Gál. 1,13). En los Hechos de los
Apóstoles se relata su participación como testigo en la lapidación de san
Esteban, el primer mártir cristiano.
Se convirtió al cristianismo tras experimentar una visión de Cristo durante un
viaje de Jerusalén a Damasco (He. 9,1-19; 22,5-16; 26,12-18), acontecimiento al
que se refiere sin emplear el término ‘conversión’, que implica un cambio de una
a otra religión. Para él, esta revelación de Jesucristo suponía la señal del fin
de todos los credos y, por tanto, de todas las diferencias religiosas (Gál.
3,28). En cambio, habla con reiterativa insistencia de que Dios “lo llamó” (ver
más adelante Elección) al cristianismo y a la evangelización de los gentiles.
Aunque reconoció la legitimidad de su misión entre los judíos, como la llevada a
cabo por san Pedro, estaba convencido de que el cristianismo era una llamada que
Dios hacía a todas las personas al margen de los requerimientos de la Ley judía.
Según el conocido relato contenido en los Hechos de los Apóstoles, Pablo realizó
tres viajes misioneros. Sus cartas revelan que su itinerario se guió por tres
preocupaciones principales: (1) su vocación de evangelizar territorios aún no
hollados por otros evangelistas cristianos, de ahí sus planes para dirigirse por
el oeste hasta Hispania (Rom. 1,14 y 15,24-28); (2) su interés pastoral por
volver a visitar sus propias congregaciones cuando surgieron problemas, como,
por ejemplo, sus diversas visitas a Corinto; y (3) su inquebrantable
determinación por entregar él mismo en la Iglesia judeocristiana de Jerusalén el
dinero recolectado en sus iglesias gentiles. Aunque los eruditos no captan de
forma convincente los motivos de Pablo en este empeño, lo cierto es que abrigaba
el propósito de unificar las iglesias de su misión gentil con las de los judíos
cristianos de Palestina.
Por los Hechos de los Apóstoles sabemos que fue preso en Jerusalén tras los
disturbios provocados por sus antagonistas judíos, y que fue conducido a Roma.
En el mismo texto se refiere también a la posibilidad de su muerte (He. 20,24;
20,38). Lo más probable es que fuese ejecutado en Roma en el año 62. Desde el
siglo IV la tradición cristiana fijó el día en el 22 de febrero.
3 FUENTES
El Nuevo Testamento contiene trece epístolas que llevan el nombre de Pablo como
autor, siete de ellas escritas por él casi con toda certeza: 1 a los
Tesalonicenses, a los Gálatas, 1 y 2 a los Corintios, a los Romanos, a los
Filipenses y a Filemón. Estas cartas, en las que a veces habla de su experiencia
personal y su obra, son la principal fuente de noticias concretas sobre su vida
y la mayoría de los eruditos se concentran en ellas, consultando los Hechos de
los Apóstoles como una fuente subsidiaria.
4 TEOLOGÍA
Cualquier intento de resumir el pensamiento de Pablo ha de afrontar varios
obstáculos, y en particular el hecho de que las cartas iban dirigidas a una
comunidad determinada, incidiendo en sus problemas específicos con el fin de
corregir sus errores. Incluso su epístola más sistemática, la que remite a los
romanos, no proporciona una exposición completa de su teología, pero algunos
temas y aspectos se repiten con suficiente frecuencia como para ser considerados
como el núcleo más significativo de su pensamiento.
4.1 Apocalíptico
Pablo asume el esquema básico temporal de la especulación apocalíptica hebrea
que postula dos edades: la Antigua, bajo el dominio de Satán y sus huestes, y la
Nueva, que Dios señalará en algún momento del futuro gracias a su omnipotencia.
Para Pablo, la venida de Jesucristo por expresa voluntad de Dios había
inaugurado ya la nueva era, aunque todavía no había borrado por completo los
poderes del pecado y la muerte de la Edad Antigua. Por el contrario, creía que
ambas edades se encontraban enzarzadas en un combate, como podía advertirse, por
ejemplo, por el hecho de que el poder de la muerte todavía no había sido
destruido.
Sin embargo, consideró seguro el resultado final de la batalla apocalíptica
porque Dios había dado el golpe definitivo liberador (por paradójico que pueda
parecer) en la cruz, momento en que, en apariencia, los poderes de la Edad
Antigua habían conseguido un gran triunfo. Atribuyó la crucifixión a los
“príncipes de este siglo”, expresión con la que se refirió a las autoridades
políticas implicadas y a los poderes demoniacos que operaban en y a través de
ellas (1 Cor. 2,8), pero su victoria sería efímera, porque al crucificar al
“Señor de la gloria” sellaron su propia destrucción (1 Cor, 2,6).
Para Pablo, una verdadera percepción de la cruz revela el extraño poder de Dios,
un poder que se hace perfecto en su propia manifestación de debilidad. Dios
afirmó este poder al resucitar a Jesús de entre los muertos, al enviar al
Espíritu Santo y al fundar la Iglesia como fundamento de la Edad Nueva venidera,
situándola en medio de la batalla escatológica con la seguridad de que pronto
enviaría al Señor resucitado para lograr la victoria final del Bien.
4.2 Opinión sobre Cristo
Pablo enumera y establece las formulaciones de los primeros cristianos, que
interpretaron la muerte de Cristo desde la perspectiva del sacrificio (1 Cor.
15,3), pero la esencia de su visión de Cristo se encuentra en la afirmación de
que Dios quiso que Jesucristo venciera el poder del pecado. Rechazó por tanto la
importancia que los judeocristianos otorgaban al arrepentimiento y al perdón de
los pecados, y en lugar de invitar a sus discípulos a arrepentirse, ejemplificó
la victoria de Dios sobre todos los pecados.
4.3 La Ley
Las consecuencias de estas doctrinas, al representar de forma implícita una
interpretación de la Ley mosaica, son complejas. Afirmó que la Ley era santa,
justa y buena, pero cuando se convirtió al cristianismo dejó de creer que fuera
lo bastante poderosa como para vencer al pecado y la muerte (Rom. 8,3), por lo
que no es posible someterse a ella. En realidad, aquel que lo haga se encontrará
con que, en manos del pecado, la Ley puede convertirse en un poder esclavizador
(Gál. 3,23-25).
4.4 Opinión sobre los seres humanos
Pocos aspectos del pensamiento de Pablo han sido tan mal entendidos como los que
se refieren a los términos de carne y espíritu. Según él, se trata de esferas de
poder que se hallan en conflicto y no deben ser entendidas sólo como partes
constituyentes de los seres humanos, porque el reino de la carne (el reino
humano) es susceptible de sucumbir ante el poder del pecado. La solución al mal
no radica en un código ético que la gente pueda y deba obedecer, sino en la obra
del Espíritu Santo, don de Dios, que triunfa en la vida de la nueva comunidad
aportando sus frutos de amor, alegría y paz.
4.5 Elección
Pablo nunca habla de su conversión del judaísmo al cristianismo, sino de haber
sido “llamado” por Dios. En esencia dijo lo mismo a todos los cristianos, por lo
que puede considerarse que para él el cristianismo no parte de una actitud
personal sino en la propia decisión de Dios que se manifiesta a través de su
hijo y al enviar su espíritu. Es Dios quien llama a las personas para que se
unan a la comunidad cristiana a través del don de la gracia. Pablo insiste en la
naturaleza radical del poder de Dios afirmando que con la muerte de Cristo Dios
ha rectificado al impío (Rom. 4,5). No es que Dios aliente a los pecadores a
rectificar por medio de las buenas obras, sino que actúa en primer lugar, y la
fe es un don de Dios más que un acto voluntario y consciente del ser humano (Gál.
5,22). La fe, igual que la vida misma, es algo que Dios hace nacer (Rom. 4,17) y
no depende de la voluntad o esfuerzo de la persona, sino de la misericordia
divina (Romanos 9:16).
5 INFLUENCIA
Siempre se ha considerado que el pensamiento de Pablo quedó pronto eclipsado por
otras enseñanzas teológicas y que sólo san Agustín de Hipona en el siglo V y
Martín Lutero en el siglo XVI lo recuperaron hasta cierto punto. Se está
revisando esta consideración en la actualidad. A pesar de que el autor de la
segunda epístola a Pedro habla de las dificultades para entender a Pablo (2 Pe.
3,16), numerosas comunidades de finales del siglo I y principios del siglo II
conservaron sus cartas y, con gran coraje, trataron de aplicar aspectos de su
pensamiento a las nuevas situaciones a las que se enfrentaron. Estas comunidades
paulinas aparecen en las epístolas dirigidas a los Colosenses, a los Efesios, y
a 1 y 2 a Timoteo y Tito. Sin embargo, es cierto que fueron san Agustín y Lutero
los primeros en abordar una interpretación sistemática y rigurosa de la teología
de Pablo. En el siglo XX, la obra de los teólogos alemanes Karl Barth y Ernst
Kasemann ha renovado el interés en la teología paulina.
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Juan
6:53
Jesús
les dijo:
De
cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y
bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el
día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me
come, él también vivirá por mí.
Este es
el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron;
el que come
de este pan, vivirá eternamente.
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