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Juan 7:37-38 |
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Iglesia ortodoxa
1 INTRODUCCIÓN
Iglesia ortodoxa, denominación de una de las tres grandes comunidades o iglesias
vinculadas al cristianismo (las otras dos son la Iglesia católica y las iglesias
protestantes surgidas tras la Reforma). La Iglesia ortodoxa comparte una
continuidad histórica con las comunidades cristianas del Mediterráneo oriental.
Su gran expansión se debió a la labor de grupos misioneros que viajaron por toda
la zona oriental de Europa. La palabra “ortodoxo” (del griego, 'creencia
correcta') implica una seguridad en relación con la fe apostólica. La Iglesia
ortodoxa también ha establecido comunidades en Europa occidental, América y, en
épocas más recientes, en África y en Asia. Cuenta con más de 250 millones de
fieles repartidos por todo el mundo.
2 ESTRUCTURA Y ORGANIZACIÓN
La Iglesia ortodoxa constituye una comunidad de iglesias independientes. Cada
una es autocéfala, es decir, está gobernada por su propio obispo. Todas ellas
comparten la misma fe, los mismos principios de organización y política
eclesiástica, y una misma tradición litúrgica. Se diferencian únicamente por la
lengua utilizada en el culto. El obispo que desempeña la jefatura de cada
iglesia puede ser un patriarca, un metropolitano o un arzobispo (cada uno de los
cuales preside los sínodos episcopales, que constituyen la más alta autoridad
canónica, doctrinal y administrativa en cada iglesia). Entre las distintas
iglesias ortodoxas existe un orden de precedencia, determinado en mayor grado
por la historia que por su número de fieles.
2.1 Patriarcado de Constantinopla
Al patriarca de Constantinopla (actual Estambul, Turquía) le corresponde el
honor de tener una cierta primacía sobre los restantes. Tal hecho se debe a la
condición de capital del Imperio romano de Oriente o Imperio bizantino que la
ciudad tuvo desde el 330 hasta 1453 y a haber sido el centro del cristianismo
oriental durante dicho periodo. Sus derechos canónicos fueron definidos en el I
Concilio de Constantinopla (381) y en el Concilio de Calcedonia (451). Durante
el siglo VI también asumió el título de patriarca ecuménico. Sin embargo, ni en
el pasado ni en la actualidad, su autoridad se ha podido comparar con la que
ejercía el papa en Occidente. El patriarca no posee poderes administrativos
sobre su propio territorio (o patriarcado), no se contempla su infalibilidad y
su posición sólo supone una primacía entre sus iguales (las demás iglesias
ortodoxas reconocen su figura en la preparación de consultas y concilios
panortodoxos). La autoridad del patriarca de Constantinopla se extiende sobre
las pequeñas, y cada vez más escasas, comunidades griegas de Turquía; sobre las
diócesis que existen en las islas griegas y en el norte del país; sobre las
numerosas comunidades griegas de Estados Unidos, Australia y Europa occidental;
y, por último, sobre la Iglesia autónoma de Finlandia.
2.2 Patriarcados melquitas
Existen otros tres antiguos patriarcados de la Iglesia ortodoxa que deben su
alto rango a su distinguido pasado. Son los denominados patriarcados melquitas:
el de Alejandría (en Egipto), el de Damasco (en Siria, que aún ostenta el
antiguo título de patriarcado de Antioquía) y el de Jerusalén. Los patriarcas de
Alejandría y de Jerusalén hablan griego; el patriarca de Antioquía está a la
cabeza de la importante comunidad de cristianos de Siria, Líbano e Irak.
2.3 Patriarcado de Moscú
El patriarca de Moscú se encuentra al frente de la Iglesia ortodoxa rusa, que
es, sin duda alguna, la que cuenta con un mayor número de fieles. Pese a que
después de la Revolución Rusa (1917) tuvo que soportar un periodo muy difícil
debido a la implantación de un régimen comunista, ocupa el quinto lugar en la
jerarquía de iglesias ortodoxas, por detrás del patriarcado de Constantinopla y
de los tres patriarcados melquitas.
2.4 Otros patriarcados e iglesias ortodoxas
Otras comunidades ortodoxas son la Iglesia autocéfala de Grecia, la Iglesia
autocéfala de Chipre, el patriarcado de Serbia, el patriarcado de Bulgaria, la
Iglesia autónoma de Polonia, las iglesias autónomas de la República Checa y
Eslovaquia, el patriarcado de Rumania, el patriarcado de Georgia, la Iglesia
autónoma de Finlandia, la Iglesia autocéfala de Albania, la Iglesia autocéfala
de América, la Iglesia autónoma de China y la Iglesia autónoma de Japón.
3 DOCTRINA
La Iglesia ortodoxa, por medio de sus declaraciones doctrinales y de sus textos
litúrgicos, mantiene firmemente que es ella la que sostiene la fe cristiana
original, que compartió con la Iglesia de Occidente durante el I milenio de la
era cristiana. Reconoce la autoridad de los concilios ecuménicos en los que
ambas iglesias tuvieron representación unicolegial. Estos sínodos fueron el I
Concilio de Nicea (325), el I Concilio de Constantinopla (381), el Concilio de
Éfeso (431), el Concilio de Calcedonia (451), el II Concilio de Constantinopla
(553), el III Concilio de Constantinopla (680) y el II Concilio de Nicea (787).
Las últimas afirmaciones doctrinales de la Iglesia ortodoxa, como por ejemplo
los importantes conceptos que se acuñaron durante el siglo XIV con respecto a la
comunión con Dios, son considerados sólo como el desarrollo de la fe original de
la Iglesia primitiva.
3.1 Tradición
Una de las características de la Iglesia ortodoxa es su preocupación por
mantener una continuidad y una tradición. Pero esto no implica un culto al
pasado, sino más bien un sentido de identidad y continuidad con los testimonios
apostólicos originales, tal y como se realizaban a través de la comunidad
sacramental de cada iglesia local. El Espíritu Santo, cuya gracia se recibe en
Pentecostés, es considerado el guía de la Iglesia hacia “la verdad completa” (Jn.
16,13). Se concede la gracia para enseñar y para orientar a la comunidad a
ciertos ministros (en especial a los obispos de cada diócesis) o se expresa a
través de ciertas instituciones (como los concilios). Sin embargo, puesto que la
Iglesia no está formada sólo por obispos o por clérigos, sino también por toda
la comunidad laica, la Iglesia ortodoxa defiende la creencia de que “el pueblo
de Dios” es el guardián de la fe.
Esta creencia de que la verdad es inseparable de la vida de la comunidad, ofrece
las bases para el entendimiento estricto de la sucesión apostólica de los
obispos. Consagrados por sus iguales y ocupando el lugar de Cristo en la Última
Cena, momento en el que se reúne la Iglesia, los obispos son los guardianes y
testigos de una tradición que se remonta de forma ininterrumpida hasta los
apóstoles y que unifica a las iglesias locales en la comunidad de la fe.
3.2 Cristo y María
Los concilios ecuménicos del I milenio de la era cristiana definieron las
doctrinas básicas del cristianismo sobre los pilares de la Santísima Trinidad,
de la Persona única y de la doble naturaleza de Cristo y sus dos voluntades,
expresando la autenticidad y plenitud de su divinidad y humanidad. Estas
doctrinas están expuestas en forma inequívoca en todas las declaraciones de fe
ortodoxas y en sus himnos litúrgicos. Por otro lado, y a la luz de esta doctrina
tradicional, basada en la persona de Cristo, la Virgen María es venerada como
madre de Dios. Sin embargo, el posterior desarrollo de la mariología y el dogma
católico de la Inmaculada Concepción no son admitidos por la Iglesia ortodoxa.
Se la invoca por haber sido la persona más cercana al Salvador y, por lo tanto,
poder interceder por toda la humanidad caída en pecado. Así, María es
considerada una figura muy importante, de lo que dan testimonio sus abundantes
representaciones iconográficas.
3.3 Sacramentos
La Iglesia ortodoxa acepta la doctrina de los siete sacramentos, a pesar de que
nunca ha habido una autoridad final que haya limitado los sacramentos a este
número. El más importante es el de la eucaristía; le siguen el bautismo (que se
realiza por inmersión), la confirmación (que sigue al bautismo y se administra
por la unción con el crisma), la penitencia, la ordenación sacerdotal, el
matrimonio y la extremaunción. Algunos autores medievales incluían otros
sacramentos, como la tonsura monástica, el entierro y la bendición del agua.
3.4 Celibato
La legislación canónica ortodoxa permite que hombres casados sean sacerdotes.
Sin embargo, los obispos son elegidos entre los sacerdotes célibes o viudos.
4 PRÁCTICAS
Según una crónica medieval, cuando los representantes del gran príncipe de Kíev,
Vladimiro I Sviatoslávich (venerado por la Iglesia ortodoxa como san Vladimiro)
visitaron en el 988 la basílica de santa Sofía de Constantinopla, no sabían si
estaban “en el Cielo o en la Tierra”. La acción más eficaz de la liturgia
ortodoxa ha sido su papel de instrumento misionero. Durante los siglos de
dominio musulmán en el antiguo territorio del Imperio bizantino, constituyó su
principal resorte de supervivencia religiosa. En su origen la liturgia fue
creada en lengua bizantina, pero posteriormente se tradujo a muchos idiomas.
Pese al tiempo transcurrido, aún conserva formas y textos que datan de los
primeros años de la Iglesia cristiana.
4.1 Liturgia
El rito eucarístico que se utiliza con más frecuencia es el atribuido a san Juan
Crisóstomo. Existe otra liturgia eucarística que se celebra sólo 10 veces al
año, creada por san Basilio. En ambos casos, la oración eucarística de la
consagración culmina con la invocación del Espíritu Santo (epiclesis) sobre el
pan y el vino. Por eso se considera que el misterio central del cristianismo se
realiza principalmente por medio de la oración en el templo y por la acción del
Espíritu Santo, antes que por las “palabras institucionales” pronunciadas por
Cristo y repetidas de forma emocionada por el sacerdote, como se hace en el
cristianismo occidental.
Una de las principales características del culto ortodoxo es la gran riqueza de
sus himnos, que van señalando los distintos ciclos litúrgicos. Éstos, utilizados
a veces en complicadas combinaciones, son: el ciclo diurno (con himnos de
vísperas, completas, el rezo de medianoche, maitines y las cuatro horas
canónicas), el ciclo pascual (en el que se incluye el periodo de Cuaresma, antes
de Pascua, y los 50 días que separan la Pascua de Pentecostés, que se mantienen
a través de todos los domingos del año) y el ciclo annual o santoral (que aporta
los himnos para aquellas festividades que son inamovibles y para la celebración
diaria de los santos). Este sistema litúrgico fue creado durante el periodo
bizantino y ha seguido desarrollándose por medio de la inclusión de más himnos
que honran a los nuevos santos (los dos últimos, san Hernán y san Inocencio, dos
antiguos misioneros de Alaska).
4.2 Iconos
El arte religioso del cristianismo ortodoxo supone una forma de confesión de fe
a través de la representación pictórica y una vía para lograr tener una
experiencia religiosa. Se considera que este arte resulta inseparable de la
tradición litúrgica. La función principal de estas imágenes religiosas,
denominadas iconos (sin precedentes en otras tradiciones cristianas), fue
definida tras finalizar el movimiento iconoclasta bizantino en el 843. Los
iconoclastas se acogían a la prohibición del Antiguo Testamento de adorar
imágenes grabadas y rechazaban los iconos por considerarlos ídolos. Por su
parte, los teólogos ortodoxos basaban sus argumentos en la específica doctrina
de Cristo que se refiere a la encarnación: en efecto, Dios es, en su esencia,
invisible e indescriptible, pero cuando el Hijo de Dios se hizo hombre, de forma
voluntaria asumió todas las características de la naturaleza creada, incluyendo
el hecho de poder ser descrito. Por eso, las imágenes de Cristo como hombre
confirman la encarnación de Dios. Considerando que la vida divina resplandece
por medio de la humanidad de Cristo, resucitada y gloriosa, la función del
artista consiste en lograr comunicar el verdadero misterio de la fe cristiana a
través del arte. Además, puesto que los iconos representan a Cristo y a los
santos, aportan un contacto personal directo con la persona santa en ellos
representada, por lo que estas imágenes deben ser objeto de veneración (proskynesis),
concepto diferente al de culto (latreia) que es dirigido sólo a Dios. El triunfo
de esta concepción teológica sobre la iconoclasia consiguió que se expandiera en
gran medida el uso de la iconografía en el ámbito de la Iglesia ortodoxa;
también significó una fuente de inspiración para grandes pintores, la mayoría de
los cuales trabajó en el anonimato. Algunos de estos trabajos alcanzaron un gran
valor, tanto espiritual como artístico.
4.3 Monacato
La liturgia y, hasta cierto punto, el desarrollo artístico ortodoxo están
relacionados en forma directa con la historia del monacato. El monaquismo
cristiano se inició en Egipto, Palestina, Siria y Asia Menor y, durante siglos,
fue un foco de atracción que congregó a la elite del cristianismo oriental.
Basado en los tradicionales votos de castidad, obediencia y pobreza, fue tomando
distintas formas, oscilando entre la disciplinada vida de los monasterios, como
el de Stoudios, en Constantinopla, y el ascetismo eremítico e individual de los
hesiquiastas (del griego hesychia, ‘quietud’). Todavía en la actualidad, la
comunidad monástica del monte Athos (reconocida como distrito autónomo por la
Constitución griega de 1975), en la que habitan más de 1.000 personas repartidas
en 20 comunidades de monjes y ermitaños, constituye un testimonio de la
permanencia del ideal monástico de la Iglesia ortodoxa.
5 HISTORIA
Debido a que la mayoría de los cristianos orientales que no hablaban griego
rechazaron las conclusiones del Concilio de Calcedonia (451) y a que gran parte
del área donde había surgido el cristianismo estaba bajo el poder de los
musulmanes, los patriarcas de Alejandría, Antioquía y Jerusalén mantuvieron sólo
parte de la que había sido su antigua gloria y poder. No obstante,
Constantinopla siguió siendo durante casi toda la edad media el centro más
importante de la cristiandad oriental. En el año 862 los famosos misioneros san
Cirilo y san Metodio idearon un nuevo alfabeto, el glagolítico, que permitió la
subsiguiente traducción de las Sagradas Escrituras y la liturgia a las lenguas
del grupo eslavo, lo que permitió a muchos de sus pueblos convertirse al
cristianismo. Los búlgaros, con su kan Boris I al frente, lo hicieron en el 864,
adoptando poco a poco la cultura eslava. Los rusos, durante el reinado del
anteriormente citado Vladimiro I, se convirtieron en el 988 y permanecieron bajo
la autoridad eclesiástica del patriarcado de Constantinopla hasta 1448. Los
serbios recibieron su independencia eclesiástica en 1219.
5.1 Cisma
Después del siglo IV, y cada cierto tiempo, surgieron situaciones de tensión
entre Constantinopla y Roma. Después de la caída del Imperio romano de Occidente
ante la presión de las invasiones de pueblos germanos en el 476, el papa pasó a
ser el único guardián del universalismo cristiano de Occidente. Comenzó, de
forma más explícita, a proclamar la primacía de Roma, por haber sido el lugar
donde fue martirizado y enterrado san Pedro, a quien Jesús se había referido
como la “piedra” sobre la que debía construirse la Iglesia (Mt. 16,18). Los
cristianos de Oriente respetaban aquella tradición y al obispo de Roma le
reconocían una cierta autoridad doctrinal y moral. Sin embargo, consideraban que
los derechos canónicos y privados de las diversas iglesias estaban determinados
ya, por encima de cualquier consideración histórica. De este modo, el
patriarcado de Constantinopla comprendió que su posición estaba determinada por
el hecho de ser el lugar de asentamiento del emperador y del Senado, herederos
del Imperio romano en su totalidad.
Las dos interpretaciones de la palabra primacía —“apostólica” en Occidente y
“pragmática” en Oriente— coexistieron durante muchos siglos, evitando las
posibles tensiones de un modo conciliatorio. Sin embargo, los conflictos
posteriores las llevaron a un cisma permanente. Durante el siglo VII, en el
reino visigodo de la península Ibérica, en el credo aceptado con carácter
universal se interpoló la palabra latina filioque, que significa “y del Hijo”,
interpretando el credo así: “Creo... en el Espíritu Santo... que viene del Padre
y del Hijo”. En Europa, la interpolación, que en principio fue rechazada por los
papas, fue aceptada por Carlomagno (coronado emperador de los romanos en el 800)
y por sus sucesores. Más adelante, también fue aceptada en Roma (hacia el año
1014). Sin embargo, la Iglesia oriental consideraba que esta interpolación era
una herejía. Además, hubo otros asuntos que también provocaron controversia, por
ejemplo, el hecho de ordenar sacerdotes a hombres casados, y el uso de pan sin
levadura para la eucaristía. Estos conflictos, considerados menores, eran
irresolubles porque ambas partes se hallaban en posiciones contrapuestas sin
remisión. El Papado se consideraba a sí mismo el tribunal supremo en asuntos de
fe y de disciplina, mientras que los cristianos orientales se aferraban a la
autoridad de los concilios, considerando que existía igualdad entre las iglesias
locales.
Se considera que los anatemas que fueron intercambiados en Constantinopla en
1054 entre el patriarca Miguel Cerulario y los legados papales, marcaron el
inicio definitivo del cisma. Sin embargo, la ruptura fue, en realidad, un
distanciamiento paulatino, que comenzó entonces y culminó con el saqueo de
Constantinopla realizado por los ejércitos de los cruzados occidentales en 1204.
A finales de la edad media hubo varios intentos de reconciliación, siendo los
más importantes las reuniones celebradas en Lyon (1274) y en Florencia
(1438-1439), pero ambas fracasaron. Las peticiones pontificias para ejercer la
supremacía máxima en el ámbito cristiano no eran conciliables con los principios
autonomistas ortodoxos, agravándose aún más estas diferencias religiosas por
culpa de malos entendidos culturales y políticos.
Después de la conquista de Constantinopla por el Imperio otomano en 1453, éste
reconoció al patriarca de aquella ciudad la calidad de portavoz o representante,
tanto religioso como político, de toda la población cristiana bajo su dominio. A
pesar de que el patriarcado de Constantinopla siguió manteniendo su primacía
honorífica en el seno de la Iglesia ortodoxa, en el siglo XIX acabó su papel
ecuménico. Tal acontecimiento se produjo a partir de 1833, cuando fue proclamada
la autocefalia de la Iglesia griega. El declive turco fue acompañado de la
aparición de iglesias autónomas, tales como la de Rumania (1864), la de Bulgaria
(1870) y la de Serbia (1879).
La Iglesia ortodoxa rusa declaró su independencia de Constantinopla en 1448. En
1589 se estableció el patriarcado de Moscú, siendo reconocido de forma oficial
por el patriarca Jeremías II de Constantinopla. Tanto para la Iglesia rusa como
para los zares, Moscú se había transformado en la “tercera Roma”, heredera de la
supremacía imperial de las antiguas Roma y Bizancio. Pero el patriarcado de
Moscú casi nunca tuvo la autonomía que alcanzó el patriarcado de Constantinopla
durante el Imperio bizantino. Salvo el breve periodo, a mediados del siglo XVII,
en el que el patriarca Nikón estuvo al frente de la Iglesia ortodoxa rusa, los
patriarcas de Moscú y la Iglesia rusa estuvieron bajo el control absoluto de los
zares. En 1721, Pedro I el Grande abolió el patriarcado y, a partir de esa
fecha, la Iglesia fue gobernada por la administración imperial. El patriarcado
fue restablecido en 1917, durante la Revolución Rusa, pero luego fue perseguido
por el régimen comunista. Desde que el gobierno soviético fue haciéndose menos
represivo y hasta su caída, en 1991, la Iglesia fue dando señales de una
vitalidad renovada. Las distintas iglesias ortodoxas de los países de Europa del
Este tuvieron una historia similar, ligada a la paralela implantación en ellos
de regímenes comunistas. Su situación mejoró a finales de la década de 1980.
5.2 Relaciones con otras iglesias
La Iglesia ortodoxa siempre se ha considerado a sí misma como la continuación
orgánica de la comunidad apostólica y como el sostén de una fe que continúa el
mensaje apostólico. Sin embargo, a través de los siglos, los ortodoxos han ido
adoptando diferentes posturas con respecto a otras iglesias. En ciertas áreas de
confrontación (como las islas griegas y Ucrania durante el siglo XVII), las
autoridades que defendían la ortodoxia, como reacción contra el activo
proselitismo occidental, declararon inválidos sus sacramentos y exigieron que
fueran rebautizados los miembros de las comunidades católicas o protestantes.
Incluso en la actualidad, en determinados círculos griegos aún prevalece esta
misma actitud de rigidez. Sin embargo, la corriente principal del pensamiento
ortodoxo ha ido adoptando una actitud positiva con respecto al movimiento
ecuménico contemporáneo. Rechazando siempre el relativismo doctrinal y
sosteniendo que la meta del ecumenismo representa la total unidad de la fe, las
iglesias ortodoxas se integraron en el Consejo Mundial de las Iglesias en 1948.
Antes de conseguir la unidad total, los ortodoxos piensan que es preciso
profundizar en una cooperación real entre las iglesias, sin abordar todavía
algunos temas doctrinales problemáticos.
En ocasiones, la mayoría protestante que domina el Consejo Mundial de las
Iglesias ha manifestado su incomodidad por la participación ortodoxa en este
organismo. La postura ecuménica que asumió la Iglesia católica durante el papado
de Juan XXIII fue muy bien recibida por la jerarquía ortodoxa y consiguió que se
entablaran nuevas y más amistosas relaciones entre ambas iglesias. Hubo
representantes de la Iglesia ortodoxa en las sesiones del Concilio Vaticano II
(1962-1965) y, en 1964, el papa Pablo VI y el patriarca Atenágoras I se
reunieron en Jerusalén y revocaron los recíprocos anatemas efectuados por las
iglesias católica y ortodoxa en 1054. A la creación de una comisión mixta de
ambas comunidades cristianas siguieron hasta once encuentros entre sus líderes
entre 1966 y 1981. Una de las más recientes muestras de esta tendencia fue la
entrevista que mantuvieron el papa Juan Pablo II y el patriarca Demetrio I. El
mayor obstáculo para la definitiva reconciliación es la exigencia del Papado de
que sea acatada su autoridad suprema y la infalibilidad del pontífice.
De Wikipedia la enciclopedia libre en Español:
Iglesia ortodoxa
La Iglesia católica apostólica ortodoxa es una comunidad
cristiana, cuya antigüedad, se remonta a
Jesús y a los doce
apóstoles, a través de una ininterrumpida
sucesión apostólica. Es la tercera de las tres grandes
iglesias o comunidades cristianas, después de la
Iglesia católica romana y el conjunto de iglesias
protestantes, y cuenta con más de 225 millones de fieles en
todo el mundo.[1]
[2]
La Iglesia ortodoxa se considera la heredera de todas las
comunidades cristianas de la mitad oriental del Mediterráneo (esto
lleva a ciertas tensiones con iglesias orientales unidas a
Roma). Su doctrina teológica se estableció en una serie de
concilios, de los cuales los más importantes son los
primeros
Siete Concilios, llamados "ecuménicos", que tuvieron lugar
entre los siglos IV y VIII. Tras varios desencuentros y
conflictos, la Iglesia católica ortodoxa y la
Iglesia católica romana se separaron en el llamado "Cisma
de Oriente y Occidente", el 16 de julio de
1054.
El cristianismo ortodoxo se difundió por Europa oriental gracias
al prestigio del
Imperio bizantino y a la labor de numerosos grupos
misioneros.
La Iglesia ortodoxa está en realidad constituida por 15
iglesias
autocéfalas, que sólo reconocen el poder de su propia
autoridad jerárquica; por ejemplo, del Patriarca de
Alejandría, de
Antioquía, de
Constantinopla, etc.
Geografía
Distribución de la ortodoxia en el mundo por países: Religión
dominante
Religión
minoritaria importante (sobre el 10%)
En la actualidad, el cristianismo ortodoxo es la religión
dominante en
Bielorrusia,
Bulgaria,
Chipre,
Georgia,
Grecia,
Montenegro,
Moldavia, la
República de Macedonia,
Rusia,
Rumania,
Serbia y
Ucrania.
Hay comunidades grandes en
Kazajistán (44% de la población),
Letonia (35%),
Bosnia-Herzegovina (31%),
Estonia (25%),
Albania (20%),[4]
Kirguistán (20%),
Líbano (10%),[5]
Uzbekistán (9%),
Turkmenistán (9%),
Croacia (4,4%),
Lituania (4.1%),[6]
Uganda (4%)[7]
y
Cisjordania. Debido a la emigración,[8]
existen también comunidades importantes en
Alemania,
Argentina,[9]
[10]
Australia,[11]
Canadá,
Chile,[12]
España,[13]
Estados Unidos,
Francia,[14]
Gran Bretaña e
Italia.
Doctrina
Salvación
Según los cristianos ortodoxos, el hombre fue creado en
perfecta comunión con Dios, pero se alejó de Dios por el
pecado. La
salvación de las torturas infernales después de la muerte y
la adquisición de la
vida eterna se realizó por
Jesucristo tras su
Encarnación y la unión en Él de dos naturalezas: la divina y
la humana, corrupta por el
pecado original. Esa unión llevó a la transformación de la
naturaleza humana en el proceso de Su
resurrección. O sea, al pasar ese proceso gracias a la parte
divina, la parte humana recibió nuevas cualidades que no podía
adquirir por sí misma. Desde entonces todo ser humano lleva ese
potencial de transformación y obtenimiento de la vida eterna que
se revela, si cree que Jesucristo es el Salvador y sigue Su
doctrina original expuesta en los trabajos de
apóstoles,
evangelistas y
padres de la iglesia.[15]
La Trinidad
La doctrina de la Iglesia ortodoxa, con respecto a la
Trinidad, se encuentra resumida en el
Símbolo Niceno-Constantinopolitano. Los cristianos ortodoxos
creen en un solo
Dios,
a la vez uno y trino: Padre, Hijo y
Espíritu Santo, de una sola naturaleza e indivisible. La
Santísima Trinidad son tres personas distintas e
inconfundibles, cada una de las cuales es una
hipóstasis de la Trinidad, que comparte una misma
esencia, increada, inmaterial y eterna. Al explicar la
relación de Dios con su
Creación, los teólogos distinguen la esencia eterna de Dios
de sus "energías increadas", aunque se advierte que dicha
distinción es artificial y no hay división posible en Dios.
Tanto las energías como la esencia son, de forma inseparable,
Dios. La distinción es usada por los teólogos para explicar cómo
Dios puede ser al mismo tiempo trascendente (su "esencia" se
mantiene fuera e infinitamente distante de su creación) e
inmanente, interviniendo en su creación (sus "energías increadas"
interactúan con su creación). Es también en sus energías como
llegamos a distinguir las tres personas de la Trinidad.
Tradición
La Iglesia ortodoxa, según su tradición, se considera la
continuación de la iglesia establecida por Jesús y sus
apóstoles. La constancia e inmutabilidad de los dogmas de la
doctrina cristiana original se consideran una de las virtudes
principales de dicha iglesia. Se supone que cualquier cambio
considerable de la doctrina se puede hacer sólo por medio de un
Concilio Ecuménico, o sea de todo el mundo cristiano, una
cosa no hecha en la Iglesia ortodoxa ya por muchos siglos desde
el cisma con la Iglesia romana, la cual por su parte ha
continuado convocando concilios ecuménicos, unida bajo la
autoridad del Papa de Roma.
Al igual que la
Iglesia católica romana, la Iglesia ortodoxa posee la
autoridad de
canonizar o
beatificar. Cuando alguna de las iglesias ortodoxas
autocéfalas engruesa su
santoral, ella obligatoriamente avisa sobre eso a todas las
demás iglesias hermanadas.
Tanto como la Iglesia católica romana, la Iglesia católica
ortodoxa considera suya toda la historia de la iglesia
precismática. Por eso, la mayoría de los santos católicos
precismáticos occidentales siguen siendo santos de la Iglesia
ortodoxa, por ejemplo, santa
Mónica, san
Lorenzo, san
Hermenegildo, etc.
Jerarquía
El cabeza de la iglesia en su totalidad se considera
Jesucristo, mientras que los cabezas de las iglesias
autocéfalas, Patriarcas, se tratan como iguales, pero
respetando el honor del
Patriarca de Constantinopla de ser el "primus
inter pares", el título que significa supremacía meramente
simbólica. Esa igualdad diferencia la Iglesia católica ortodoxa,
presidida por los Patriarcas, de la
Iglesia católica romana, cuyo cabeza, el
Papa,
poseyó el título de primus inter pares antes del
Gran Cisma.
El cargo de
Patriarca de Constantinopla actualmente lo ocupa
Bartolomé I. Dicho Patriarca, siendo líder simbólico
honorífico del mundo cristiano ortodoxo, presidía los concilios
ecuménicos ortodoxos.
Las sedes de los Patriarcas, por su mayor parte, se
encuentran en las capitales de los países, cuyas iglesias
ortodoxas nacionales ellos presiden. La sede del
Patriarca Ecuménico se encuentra en
Constantinopla, o sea
Estambul,
Turquía, en el barrio de
Fanar.
La aparición, o sea independización legítima, canónica, de
una nueva Iglesia ortodoxa es posible sólo con su reconocimiento
por todas las iglesias ortodoxas hermanadas (término
usual no canónico). Las Iglesias no reconocidas no se consideran
parte de la comunión de iglesias ortodoxas canónicas, herederas
de la tradición apostólica y de la
gracia de Dios, transmitida con una línea de los sacerdotes
nunca interrumpida desde el día de
Pentecostés.
Historia
Entre los siglos VIII y XI se produjo la definitiva
maduración de la Iglesia ortodoxa griega en torno a la figura
del
patriarca de Constantinopla. Los otros patriarcados
orientales reconocidos en el
Concilio de Calcedonia del año
451 (Alejandría,
Antioquía,
Jerusalén), habían perdido importancia al ser sometidos sus
territorios en el dominio
islámico, y las relaciones con
Roma
eran lejanas, aunque todavía frecuentes, al estar situada esa
ciudad, desde el punto de vista bizantino, en la periferia del
mundo civilizado.
Cruz ortodoxa. El travesaño inclinado simboliza
en su parte elevada al " Buen
Ladrón" y en su parte baja al "Mal Ladrón".
El
Papa parecía más atento a lo que ocurría en la nueva
cristiandad occidental, aunque todavía, mientras duró el dominio
imperial en el
exarcado de Rávena, varios Papas fueron de origen griego o
sirio. La mayoría de los Papas precismáticos considerados santos
por la Iglesia católica romana también lo siguen siendo para la
Iglesia ortodoxa, por ejemplo,
Clemente I,
Martín I,
Agapito I, etc.
El episcopado oriental reconocía al obispo de Roma un primado
de honor pero entendía que las decisiones doctrinales y
disciplinarias debían de ser tomadas por los Patriarcas
conjuntamente o en un concilio general,
ecuménico, y nunca abandonó lo esencial de esta postura,
incompatible con el auge de la primacía romana y su evolución
desde la segunda mitad del siglo VIII.
Roma,
por su parte, no estaba dispuesta a aceptar la rivalidad
imperial a que estaba sujeta la iglesia en el
Imperio bizantino con su idea de "sinfonía" entre el poder
del Emperador y el Patriarca; sólo entendiendo esta diversidad
de puntos de vista, se pueden comprender las razones que
acabaron separando a las dos iglesias, más, incluso, que sus
divergencias dogmáticas y de uso litúrgico, aunque a través de
ellas se manifestaban maneras distintas de entender la
religiosidad: uso de lenguas diferentes, calendarios litúrgicos
y, en parte, santoral específicos, sensibilidad especial
respecto al culto a los iconos, cánones también diversos. Buen
ejemplo de eso, son las actas del
Concilio Quinisexto (año
692),
que el Papa de Roma denegó aprobar, aunque sus legados en
Constantinopla lo firmaron, pero que a la vez son "una de
las bases esenciales del Derecho canónico bizantino" (Ducellier)
en cuestiones importantes, tales como el
celibato sacerdotal.
De hecho, los últimos
Concilios Ecuménicos que se celebraron en Oriente y en los
que estaban presentes los legados del
Papa
fueron los de
Nicea en el año
787 y
Constantinopla en el
869.
Después se restañó la ruptura producida por el enfrentamiento
entre el Patriarca constantinopolitano
Focio
y el Papa
Nicolás I. En lo sucesivo, la Iglesia bizantina y las que se
crearon a partir de ella se organizaron mediante sus propios
concilios o
sínodos.
Organización
Iglesias autocéfalas
Existen catorce (o quince, según el estatuto que se reconozca
a la
Iglesia ortodoxa en América) iglesias ortodoxas
autocéfalas, es decir, que poseen la capacidad de nombrar sus
propios obispos (incluyendo el
patriarca, arzobispo o metropolitano que encabeza la iglesia)
y de resolver sus problemas internos sin acudir a ninguna
autoridad superior. Aunque actúan de forma independiente, las
iglesias autocéfalas se encuentran en comunión entre sí y forman
la Iglesia "Una, Santa, Católica y Apostólica".
Las iglesias ortodoxas autocéfalas más antiguas son:
Las cuatro corresponden con cuatro de los cinco patriarcados
primitivos (el primer patriarcado era el de Roma que se separó
de los otros 4 en
1054).
Actualmente las siguientes iglesias también tienen el rango
de patriarcados:
-
Iglesia ortodoxa rusa, regida por el
Patriarca de Moscú, 140 millones de fieles.
-
Iglesia ortodoxa y apostólica georgiana, presidida por
el Patriarca de Tiblisi, entre 4,5 y 5 millones.
-
Iglesia ortodoxa serbia, gobernada por el Patriarca de
Belgrado, 11 millones de fieles.
-
Iglesia ortodoxa rumana, dirigida por el Patriarca de
Bucarest, 20 millones.
-
Iglesia ortodoxa búlgara, regida por el Patriarca de
Sofía, 8 millones de fieles.
Las siguientes iglesias están dirigidas por un arzobispo o
por un metropolita.
Aunque en su nombre llevan un marcado carácter nacional, las
iglesias ortodoxas no tienen índole nacionalista. Es decir,
independientemente de su origen étnico o autoidentificación con
una de esas iglesias los fieles pueden participar la vida
parroquial de cualquiera de ellas gracias al estatus canónico
común de las iglesias hermanadas, lo que se practica ampliamente
por los emigrantes.
Iglesias autónomas
Otras iglesias con cierta autonomía en asuntos internos pero
que forman parte de alguna de las iglesias antes citadas son:
- Dependientes del Patriarcado ecuménico de Constantinopla:
-
-
-
Iglesia ortodoxa finesa
-
Iglesia ortodoxa estonia (su autonomía no
es reconocida universalmente)
-
Iglesia ortodoxa carpato-rutena americana[16]
-
Iglesia ortodoxa ucraniana de los EE.UU.[17]
-
Iglesia ortodoxa ucraniana del Canadá[18]
- Dependientes del Patriarcado de Jerusalén:
-
-
-
Iglesia ortodoxa de Monte Sinaí
- Dependientes del Patriarcado de Moscú y toda Rusia:
-
-
-
Iglesia ortodoxa rusa fuera de Rusia
-
Iglesia ortodoxa letona
-
Iglesia ortodoxa moldava
-
Iglesia ortodoxa japonesa (su autonomía
no es reconocida por el Patriarca Ecuménico)
-
Iglesia ortodoxa china (su autonomía no
es reconocida por el Patriarca Ecuménico)
-
Iglesia ortodoxa ucraniana (su autonomía
no es reconocida universalmente)
- Dependientes del Patriarcado de Bucarest:
-
-
-
Iglesia metropolitana de Besarabia (canónica,
pero su legitimidad no es reconocida universalmente)
Iglesias no canónicas
Existen numerosas iglesias ortodoxas autoproclamadas que no
están en comunión con
Constantinopla, ni con los otros patriarcados y no son
reconocidas como tales Iglesias por la comunión ortodoxa, por la
Iglesia católica, ni por la mayoría de las iglesias reformadas.
Son iglesias por su mayor parte de un marcado carácter
nacionalista, que han surgido del intento de secesión de su
iglesia originaria. Entre tales se destacan:
-
Iglesia ortodoxa turca, secesionada del
Patriarcado de Constatinopla en
1922.
-
Iglesia griega de los verdaderos cristianos ortodoxos
o vetero-calendarista, secesionada de la
Iglesia ortodoxa griega en
1924.[19]
-
Iglesia oriental hispana, parte de la
Iglesia griega de los verdaderos cristianos ortodoxos
elevada por ella al rango de iglesia autónoma en
1984.
-
Iglesia ortodoxa rusa en exilio, secesionada de
la
Iglesia ortodoxa rusa fuera de Rusia en
2001.
-
Iglesia rusa ortodoxa en verdad, secesionada de
la
Iglesia ortodoxa rusa fuera de Rusia.
-
Iglesia ortodoxa autocéfala de Bielorrusia,
secesionada de la
Iglesia ortodoxa Rusa en
1948.
-
Iglesia ortodoxa ucraniana - Patriarcado de Kiev
(de Filaret Denisenko), secesionada de la
Iglesia ortodoxa Rusa en
1992.
-
Iglesia ortodoxa ucraniana autocéfala,
autoproclamada en
1919.
-
Iglesia ortodoxa ucraniana autocéfala canónica,
alega su origen canónico de la
Iglesia ortodoxa polaca.[20]
-
Iglesia ortodoxa de Portugal, secesionada de la
Iglesia ortodoxa polaca desde
2000.
-
Iglesia ortodoxa montenegrina, autoproclamada en
1993.
-
Iglesia ortodoxa macedonia, autoproclamada en
1967.
-
Iglesia ortodoxa africana, autoproclamada en los
EE.UU. en
1919.
Otras iglesias relacionadas
La
Iglesia ortodoxa copta, la
Iglesia apostólica armenia y otras
antiguas iglesias orientales, así como los
viejos creyentes rusos, por motivos doctrinales tampoco son
parte de la comunidad de las iglesias hermanadas que forman la
Iglesia católica apostólica ortodoxa, aunque ésa mantiene buenas
relaciones con las
denominaciones cristianas sobredichas.
Diferencias teológicas entre la Iglesia católica ortodoxa
y la Iglesia católica romana
En resumida síntesis, entre las dos confesiones pueden
observarse tanto diferencias de organización, como diferencias
doctrinales y teológales. A pesar de que son numerosas, entre
ellas se destacan tales como:
Diferencias doctrinales
- La Iglesia ortodoxa rechaza la adición del “Filioque”
en el
Símbolo Niceno-Constantinopolitano, aprobada por la
Iglesia católca romana, por lo que no admite la procedencia
del
Espíritu Santo del Padre y el Hijo, sino únicamente del
Padre.
- La Iglesia ortodoxa considera que la
consagración del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre
de Jesús en la
misa se efectúa por el
Prefacio, las Palabras del Señor y la
Epíclesis y no tan solo por las Palabras del Señor (las
palabras dichas por Cristo en la
Última Cena), la Iglesia católica romana, por su parte,
enfatiza en las palabra pronunciadas por el sacerdote en
persona de Cristo Cabeza, confesando que la
transubstanciación ocurre por la virtud de las palabras
de Jesús y la acción del Espíritu en la
Epíclesis.
- La Iglesia ortodoxa sostiene que la
Virgen María fue concebida en
pecado original como las demás criaturas. La Iglesia
católica, por definición del Papa
Pío IX, en el año
1854, proclamó
dogma de fe la
Inmaculada Concepción, o sea, que Ella desde el primer
instante de su ser personal, estuvo libre de todo pecado.
- A diferencia de la Iglesia católica romana, la Iglesia
ortodoxa no acepta la figura de la
Virgen María como corredentora, a pesar de su veneración
particular.
- La Iglesia ortodoxa niega la existencia del
purgatorio por considerar insuficientes[21]
[22]
[23]
para aprobarlo las indicaciones bíblicas puestas como una
base de la aserción por los católicos romanos. Sin embargo,
se reza por las almas de los difuntos al igual que en la
Iglesia católica romana.
Diferencias de la organización
- La Iglesia ortodoxa enseña que las decisiones de un
Concilio Ecuménico son superiores a las decisiones de
cualquier jerarca eclesiástico. Así mismo, no admite la
infalibilidad del Obispo de Roma en ningún caso.
- La Iglesia ortodoxa sólo admite 7 concilios ecuménicos.
La Iglesia romana 21.
- La Iglesia ortodoxa no admite la supremacía universal de
derecho del
Papa de Roma sobre toda la iglesia cristiana. Todos los
obispos son iguales. Sólo reconoce una "primacía de honor" (primus
inter pares).
- En la Iglesia ortodoxa el ministro ordinario del
Santo Crisma es el sacerdote; en la Iglesia católica lo
es el obispo, y el sacerdote sólo extraordinario.
- En la Iglesia ortodoxa se pueden ordenar hombres casados
con una mujer de buena reputación, de tal forma que hay
diáconos y presbíteros casados, mientras que otros clérigos,
tradicionalmente aquellos con votos monacales, deben ser
hombres célibes. Una vez ordenados no se pueden casar, o
volver a casar, si es el caso. Los obispos, a partir de la
Edad Media, son elegidos de entre los monjes. En la Iglesia
católica romana funciona de la misma manera para los ritos
orientales en cuanto al celibato, pero no en el rito latino,
donde todos los clérigos, sin excepción, deben ser célibes.
- La Iglesia ortodoxa no tiene (y no admite)
ordenes, ni
congregaciones. La forma de que un feligrés desee hacer
votos de vida consagrada es por medio de los
monasterios o los
sketes.
- La Iglesia ortodoxa oficialmente tiene lenguas
vernáculas como lenguas litúrgicas desde mucho más temprano
(siglo IX) que la Iglesia católica romana (siglo XX). En
867
el Papa
Adriano II le otorgó una
bula por la que se reconocía el uso del
antiguo eslavo en la
liturgia, elevándole también al iniciador de ello,
san Metodio, a la ordenación episcopal.[24]
[editar]
Otras
diferencias
- En la Iglesia ortodoxa no se admiten las imágenes
tridimensionales para veneración, como las estatuas de
santos, sino únicamente imágenes planas, o bidimensionales,
tales como pinturas o mosaicos, tradicionalmente llamados
iconos. Las esculturas o bajorrelieves que se encuentran
en el interior de los templos ortodoxos son de carácter sólo
ornamental.
- La liturgia ortodoxa no utiliza instrumentos musicales,
sólo la voz humana. No se usa el
canto gregoriano, como abunda en el catolicismo romano.
- Aunque en las liturgias ortodoxas se suele rezar por el
ejército militar de su propio país, la Iglesia ortodoxa
nunca organizó
cruzadas. La
Iglesia católica romana apoyó en ocasiones la invasión y
conquista de tierras cristianas ortodoxas por los
denominados
cruzados (véase
El saqueo de Constantinopla,
Cruzadas Bálticas).[25]
[26]
- La Iglesia ortodoxa no practicó la venta de las
indulgencias.[27]
Véase
también
Referencias
Enlaces
externos
De:
http://www.christ-the-saviour.org/page/page/5153250.htm
Iglesia Ortodoxa
¡Bienvenido! ¡Cristo está entre nosotros! ¡Está y siempre estará!
¿Que es la Iglesia Ortodoxa?
La Iglesia Ortodoxa es: evangélica pero no protestante; Es ortodoxa pero no
judía; Es católica pero no romana; No es denominacional..... Es Pre-denominacional.
Ha creído, enseñado, preservado, defendido y muerto por la Fe de los Apóstoles
desde el día de Pentecostés.
Debajo está un artículo corto, junto con los acoplamientos que le llevarán a la
varia información sobre la iglesia cristiana ortodoxa. Tenemos por lo menos un
servicio linguístico español cada semana. La información del contacto está
también abajo. ¡El dios de mayo le bendice!
Servicios próximos en español:
También tenemos servicios linguísticos ingleses diarios. Vea "Schedule of
Services" para un calendario completo de servicios.
Qué es la Santa Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa?
“Me hallan los que madrugando me buscan" (Prov. 8.17)
Usted quizás haya oído mencionar a la Iglesia Ortodoxa. ¿Qué es la Iglesia?
Hace ya casi dos mil años, Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a la tierra y fundó
la Santa Iglesia, a través de sus Apóstoles y discípulos, para la salvación de
la humanidad. Las enseñanzas de los Apóstoles y la Iglesia se esparcieron
grandemente en los siguientes años. Muchas iglesias locales fueron fundadas, y
todas estaban unidas en la fe, la liturgia y la participación en los sacramentos.
Al grupo de Iglesias fundadas por los Apóstoles mismos pertenecen los cinco
Patriarcados históricos de Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y
Jerusalén. Luego fueron fundadas las de Sinaí, Rusia, Grecia, Rumania y muchas
más.
Todas estas iglesias son independientes en su administración, pero están en
completa unión una con otra, con una excepción, la de Roma, que se separó de las
otras en 1054 A.D., y desde entonces ha añadido nuevos dogmas. En materias de fe,
doctrina, tradición, liturgias y servicios, estas otras iglesias son exactamente
iguales. Decimos que están en comunión plena.
No obstante el idioma diferente, de cada una, estas iglesias existen en comunión
y juntas constituyen y se llaman la SANTA IGLESIA CATÓLICA ORTODOXA (del Griego:
ortos- lo correcto, doxa – doctrina, culto, adoración).
Las enseñanzas de la Iglesia se derivan de dos fuentes(que en realidad son una):
Las Santas Escrituras y la Santa Tradición. Como dice el Evangelio según San
Juan:
“Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, que si se escribiesen cada una
por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrían los libros que se habrían de
escribir.” (San Juan 21,25)
Estas “otras muchas cosas” fueron transmitidas oralmente por los Apóstoles y han
llegado a nosotros en la Sagrada Tradición. La fe y la doctrina de la Iglesia
Ortodoxa se encuentran en las Escrituras(la parte de la Tradición, selecta de
entre muchos libros por la Iglesia), los Decretos de los Concilios
Ecuménicos(los que han sido aceptados por toda la Iglesia), y en los escritos de
los Padres de la Iglesia.
Creemos que el Señor Jesucristo es verdaderamente Dios, el Salvador, e Hijo
engendrado de la misma esencia que el Padre antes de todos los siglos; y también
verdaderamente Hombre, igual a nosotros en todo, menos el pecado. Creemos que
por nuestra salvación El nació de una virgen, a quien llamamos Deípara (es decir,
la que dio a luz a Dios; ver San Lucas 1,43). Creemos que el Espíritu Santo
procede del Padre (ver San Juan 15,26), quien es el único origen de la Santísima
Trinidad. (Decir que el Espíritu Santo procede también del Hijo sería postular
dos orígenes en la Trinidad y negar la Unidad de Dios abandonando así la Santa
Tradición. Los Tres son Uno porque tanto el Hijo como el Espíritu tienen su
origen en el Padre, uno engendrado y el otro procediendo).
Los cristianos ortodoxos adoramos a Dios en Trinidad(ver San Mateo 28,19) y
honramos a los Santos, pidiendo su intercesión(no mediación) ante Dios. (ver
Proverbios 15,29; Números 11,2). Entre los Santos el lugar principal es de la
Deípara, pues a través de Ella Dios vino a nosotros(ver San Lucas 1,48). De
acuerdo al Séptimo Concilio Ecuménico (año 787) el cual confirma esta antigua
práctica, veneramos los íconos, no por sí mismos, sino como representaciones de
Cristo y los Santos. (Nos enseña San Juan de Damasco que “Si Dios tomó forma
física, se le puede representar físicamente”). Reconocemos siete “misterios” o
sacramentos. El Bautismo y la Crismación son los medios de entrar en la Iglesia.
Sin morir al hombre antiguo y ponerse el nuevo en el Bautismo no podemos heredar
el Reino de Dios. En la Eucaristía participamos del verdadero Cuerpo y Sangre de
Cristo, para la remisión de los pecados y la vida eterna. En la Confesión Cristo
nos da, a través del confesor, el perdón de nuestros pecados.
(Al pecar, ofendemos no sólo a Dios, sino también a la Iglesia, el cuerpo de
Cristo, del cual somos miembros. Por lo tanto tenemos que pedir perdón ante un
ministro de la Iglesia). Estos tres sacramentos son esenciales para la vida
espiritual y la deificación de todo cristiano. Por la imposición de manos de un
obispo, la Gracia Divina desciende sobre el que es ordenado y lo capacita para
ser sacerdote y repartir esta Gracia, que es participación en la vida misma de
Dios.
(El hombre no puede participar en la esencia de Dios, pero según nos enseña San
Gregorio Pálamas, puede participar en las “energías” o manifestaciones externas
de Dios, que son parte de Dios, como los rayos del sol son parte del sol. Esto
no se considera posible en el Occidente Cristiano, donde lo mayor que puede
esperar el cristiano es evitar la condenación en el infierno, después de purgar
sus faltas. La Iglesia Ortodoxa en sus miembros espera “deificación”, verdadera
unión con Dios(ver 1 Corintios 15,51 y 2 Corintios 3,18), un proceso dinámico y
gradual que dura toda la vida y no sólo se decide al morir). A través del
sacramento de la Ordenación, la Iglesia Ortodoxa ha tenido sucesión apostólica,
en continuidad plena histórica y doctrinal, sin interrupción desde el día de
Pentecostés. La Gracia Divina santifica la unión de un hombre y una mujer en el
santo matrimonio, como Cristo bendijo la boda de Caná(San Juan 2,1-11) por su
presencia y su primer milagro. Las dolencias del cuerpo y alma son curadas por
el sacramento de la Santa Unción(Santiago 5,14).
Estas son, muy brevemente, algunas de las características de la Santa Iglesia
Católica Apostólica Ortodoxa. Es UNA porque Nuestro Señor fundó sólo una Iglesia.
Es Santa por estar Unida a su Única Cabeza, Jesucristo, y por la operación del
Espíritu Santo. Es CATÓLICA porque no conoce límites de lugar o tiempo. Es
APOSTÓLICA porque fue fundada en los Apóstoles y mantiene sin cambio sus
enseñanzas, escritas y orales. Y es ORTODOXA porque cree y enseña lo correcto,
es decir frente a las innovaciones y desviaciones doctrinales permanece fiel en
todas sus propiedades (Una, Santa, Católica y Apostólica) lo cual definimos y
abreviamos como ORTODOXA.
La Iglesia Ortodoxa admite que hombres casados sean ordenados sacerdotes (el
Patriarcado de Roma seguía esta practica pero la cambio en el siglo XXI después
de su separación de la Iglesia, nuestra practica sigue la enseñanza de los
Santos Apóstoles, ver Primera epístola a Timoteo capítulo 3), sin imponer
arbitrariamente el celibato sacerdotal. El que un hombre tenga vocación al
sacerdocio no quiere decir que necesariamente Dios le dé vacación al celibato
también. La Iglesia Ortodoxa admite en ciertos casos, cuidadosamente examinados
por el obispo, el divorcio y segundas nupcias. Sin embargo, lo ideal es que el
matrimonio dure hasta la muerte, pero los cónyuges son humanos y la Iglesia,
aunque condena el divorcio comprende que somos débiles e imperfectos y no se
ciega al imponer la ley. Los hijos son el fruto del amor de los padres y no se
deben evitar a no ser por una razón grave. La Iglesia se opone vehementemente al
aborto, toda criatura es un regalo de Dios y por consecuencia la vida es sagrada.
Esta es la Iglesia Ortodoxa, fiel a su Fundador y transmitiendo su mensaje al
mundo(desde al año 33 A.D.) por veinte siglos sin añadir ni quitar.
¡Gloria a Dios por todo!
| |
Juan
6:53
Jesús
les dijo:
De
cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y
bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el
día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me
come, él también vivirá por mí.
Este es
el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron;
el que come
de este pan, vivirá eternamente.
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