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| Si alguno
tiene sed, venga a mí y beba.
El que
cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua
viva.
Juan 7:37-38 |
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Concilios de Nicea
1 INTRODUCCIÓN
Concilios de Nicea, denominación de dos concilios ecuménicos celebrados por la
Iglesia cristiana en Nicea (ciudad de la antigua Bitinia, hoy Iznik, Turquía).
2 I CONCILIO DE NICEA (325)
Primer concilio ecuménico. Presidido por Osio, tuvo lugar entre el 20 de mayo y
el 25 de julio del 325 (siendo papa san Silvestre I) y fue convocado por el
emperador romano Constantino I el Grande para procurar reafirmar la unidad de la
Iglesia, seriamente quebrantada por la disputa surgida en torno a la naturaleza
de Jesucristo tras la aparición del arrianismo. De los 1.800 obispos censados en
el Imperio romano, 318 acudieron a la convocatoria conciliar. El credo de Nicea,
que definió al Hijo como consustancial con el Padre, fue adoptado como postura
oficial de la Iglesia con respecto a la divinidad de Cristo. También fue fijada
la celebración de la Semana Santa el domingo después de la Pascua judía, y
garantizada la autoridad del obispo de Alejandría. En esta última concesión se
asienta el origen de los patriarcados.
3 II CONCILIO DE NICEA (787)
Séptimo concilio ecuménico. Sus sesiones tuvieron lugar desde el 24 de
septiembre hasta el 23 de octubre del 787 (siendo papa Adriano I). A la
convocatoria, efectuada por la emperatriz bizantina Irene, asistieron 350
obispos, la mayoría de los cuales procedían del Imperio bizantino. A pesar de
las fuertes objeciones formuladas por parte de los iconoclastas, fue aprobada la
veneración de imágenes religiosas y ordenada su restauración en las iglesias de
todo el territorio imperial.
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Juan
6:53
Jesús
les dijo:
De
cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y
bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el
día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me
come, él también vivirá por mí.
Este es
el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron;
el que come
de este pan, vivirá eternamente.
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