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tiene sed, venga a mí y beba.
El que
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viva.
Juan 7:37-38 |
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Misa
1 INTRODUCCIÓN
Misa, sacrificio religioso incruento vinculado al cristianismo que tiene como
acto primordial la celebración de la eucaristía y que va acompañado de una
liturgia de cantos, lecturas, oraciones y otras ceremonias. El término ha sido
utilizado por la Iglesia católica y algunas iglesias anglicanas. Otras iglesias
protestantes llaman “santa comunión” o “cena del Señor” a este rito. Las
iglesias ortodoxas orientales lo denominan “divina liturgia”. La palabra “misa”
proviene etimológicamente de la latina missa (despedida). Fue tomada de la
fórmula “Ite, missa est” (“Id, es la despedida”) con que se disolvía la
congregación.
2 FORMAS DE LA MISA
La forma más primitiva de celebración era la eucaristía doméstica. Los restos
arqueológicos muestran que desde el siglo III al siglo IV, las comunidades
cristianas celebraban la misa en casas más grandes. El obispo local presidía la
eucaristía. Después de que el emperador romano Constantino I el Grande
promulgara el Edicto de Milán (313), los edificios públicos romanos llamados
basílicas fueron adaptados a la celebración de la eucaristía del obispo. El
incremento del número de iglesias que acompañó a la consolidación del
cristianismo determinó que los presbíteros de dichos templos terminaran por
dirigir la celebración. Con el tiempo, los presbíteros fueron conocidos como
sacerdotes.
Con anterioridad al siglo VIII, la única forma de misa era la que tenía carácter
público y se celebraba por un obispo o por el sacerdote de una comunidad de
fieles. En su forma solemne, la mayoría de las partes se cantan. En su forma más
elaborada, la misa papal, el papa es asistido por la jerarquía pontificia,
diáconos del rito latino y oriental, la corte papal y numerosos otros
funcionarios. La misa pontificia (misa solemne de un obispo) es menos compleja,
aunque al lado de los diáconos, subdiáconos y acólitos, el obispo es también
asistido por su “familia”, es decir, asistentes responsables de cuidar sus
insignias (solemnes vestimentas) y signos distintivos (mitra, báculo y cruz
pontificia). La solemne misa parroquial, o monástica, se celebra con asistencia
del diácono y el subdiácono. Un sacerdote celebra la forma más simple de la misa
cantada, con la asistencia de acólitos y turiferanios. En las celebraciones
diarias se utiliza una forma más simple en la cual todas las partes de la misa
son leídas por un sacerdote. Ésta es la missa lecta (misa leída).
A comienzos del siglo VIII, la misa privada evolucionó en los monasterios del
norte de Europa. Los monjes eran laicos en su origen, y se apoyaban en
sacerdotes locales para cumplir sus obligaciones sacramentales o bien ordenaban
a algunos de sus miembros para suplir estas necesidades. A principios del siglo
VIII, fueron ordenados monjes británicos e irlandeses para que realizaran la
obra misionera de convertir a las tribus del norte de Europa, sometidas por
Carlomagno y sus sucesores. Hacia el siglo XI (después de la época de los
grandes misioneros), los numerosos monasterios del norte de Europa continuaron
ordenando a sus monjes; de esta forma, al final, el número de sacerdotes excedía
a las necesidades sacramentales de los monjes. Así, el número de celebraciones
diarias privadas de la misa creció hasta que, alrededor del siglo XII, fue de
uso corriente.
3 PARTES DE LA MISA
En el siglo VI las partes de la misa eran relativamente fijas. Pueden
distinguirse seis secciones principales.
La apertura consiste en una entrada (“introito”), procesión y canto, a los que
le sigue la confesión, la cual incluye una letanía breve (“kirieleisón”) que
termina con el Gloria. Finaliza con la oración llamada “colecta”.
La lectura de textos extraídos del Antiguo Testamento o de las epístolas del
Nuevo Testamento, conforman la segunda parte de la misa. A continuación se
procede a efectuar un canto para la procesión del Evangelio. Este canto se llama
“gradual”, porque era cantado desde los peldaños (gradus) del púlpito donde el
Evangelio era leído o cantado. La lectura final se extrae de uno de los cuatro
Evangelios, y le sigue la homilía.
Durante la tercera parte de la misa, el ofertorio, se realizan las ofrendas de
pan, vino y otros presentes, que son llevados al altar con cantos de procesión y
ofrecidos a Dios con oraciones.
La cuarta parte de la misa es la oración de la eucaristía o anáfora. Esta
sección parte con el “prefacio”, una oración introductoria que concluye con el
“sanctus”. Después le sigue la oración central de la eucaristía, canon, o
anáfora, en la que se repiten las palabras con que Jesucristo instituyó la
eucaristía.
La comunión es la quinta parte de la misa. Comienza con la oración del Señor (el
Padrenuestro), continúa con la oración y saludo de paz, y concluye con la
comunión del clero y de los fieles, acompañada, a veces, de un himno.
La última sección de la misa, el rito final, consiste en una oración de
postcomunión, la bendición y la despedida (“Podéis ir en paz”). El himno que
marca el fin de oficio puede cantarse al mismo tiempo que salen de la iglesia el
clero y los fieles.
4 LIBROS LITÚRGICOS
Antes del siglo XIII se utilizaban muy diversos libros litúrgicos en la
celebración de la misa. El coro utilizaba el Gradual (para el canto gradual) y
el Antiphonal (para los piadosos cantos procesionales de la entrada, ofertorio,
comunión e himnos de fin de oficio). El subdiácono utilizaba el Apostolus
(textos del Nuevo testamento), los diáconos el Evangelirium (Evangelio) y el
celebrante que presidía, el Sacramentarium, que contenía todas las oraciones de
la misa. Cuando la práctica de la misa privada se consolidó, los diferentes
textos litúrgicos fueron agrupados en un único libro para el sacerdote que
celebraba en solitario todas las partes de la misa. Este libro, llamado misal,
contenía todas las oraciones, lecturas y cantos de la misa. Los diferentes
misales utilizados desde el siglo XIII se convirtieron en un solo texto oficial
cuando el Missale Romanum (Misal Romano), aprobado en el Concilio de Trento, fue
publicado en 1570 durante el pontificado de Pío V. Anteriormente, en 1298, las
ceremonias papales y episcopales habían sido uniformizadas en el Pontifical.
Tanto el Misal Romano como el Pontifical han sido revisados varias veces a lo
largo de los siglos.
El Concilio Vaticano II (1962-1965) introdujo una serie de cambios en la
celebración de la misa. Se volvió a la antigua práctica de llamar a este
sacramento y a su celebración por el mismo nombre: eucaristía. Los cambios
litúrgicos principales incluyeron la introducción de lenguas vernáculas en la
celebración, así como la recuperación de los hábitos de permitir a los legos
recibir tanto el pan como el vino, y de la concelebración.
5 LITURGIA VERNÁCULA
La lengua tradicional para la celebración de la misa según el rito romano ha
sido el latín, aunque el rito de las iglesias orientales ha utilizado diversas
lenguas vernáculas (por ejemplo, el antiguo eslavo, el griego o el arameo). Los
movimientos de reforma surgidos en la Iglesia occidental desde el siglo XIV
hasta el siglo XVI solicitaron de forma reiterada poder celebrar la misa en las
distintas liturgias vernáculas. Una consecuencia de la separación de las
iglesias durante la Reforma fue la adopción de aquéllas en las iglesias
protestantes. El Concilio de Trento (1545-1563) no observó ningún impedimento
dogmático para ello, pero lo consideró inoportuno. El Concilio Vaticano II
aprobó la utilización de la lengua vernácula en el rito romano; desde entonces,
y hasta la actualidad, la misa es celebrada en casi todas y cada una de las
lenguas que se hablan en el mundo.
6 COMUNIÓN BAJO AMBOS TIPOS
Los mismos movimientos de reforma se inclinaban hacia una vuelta a la antigua
costumbre de permitir a los laicos recibir la comunión bajo las formas de pan y
vino, hábito que había desaparecido de la Iglesia occidental en el siglo VIII
(aunque ha continuado hasta el presente en las iglesias católicas orientales y
ortodoxas). El Concilio de Trento rechazó estas peticiones pero el Concilio
Vaticano II estableció ciertos tiempos y condiciones bajo los cuales los laicos
pueden recibir tanto el pan como el vino. Como las condiciones se han ampliado,
la práctica se ha convertido en algo muy frecuente en la Iglesia occidental.
7 CONCELEBRACIÓN
Aunque rodeado de sacerdotes y diáconos, el obispo sólo presidía la celebración
de la misa en su forma original. A medida que la Iglesia crecía y se necesitaban
sacerdotes para los templos parroquiales, la concelebración de la misa por más
de un sacerdote fue común, aunque la práctica se restringió a las fiestas
mayores del año. Sobrevivió de diferentes formas y registró frecuentes
variaciones a lo largo del siglo XIII. En una primera época los sacerdotes
concelebraban en silencio con el obispo, pero la costumbre de recitar las
palabras del canon en voz alta se desarrolló en el siglo VII. Después del siglo
XIII, la concelebración sobrevivió sólo en la misa que acompaña al sacramento de
la ordenación sacerdotal. En este caso, los nuevos sacerdotes ordenados recitan
todas las oraciones del canon en voz alta con el obispo. El Concilio Vaticano II,
sin embargo, restauró el rito de la concelebración para las oportunidades en que
el número de sacerdotes que se reunían planteaban limitaciones en los tiempos y
lugares en los que la misa podía celebrarse de forma privada.
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Juan
6:53
Jesús
les dijo:
De
cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y
bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el
día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me
come, él también vivirá por mí.
Este es
el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron;
el que come
de este pan, vivirá eternamente.
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