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tiene sed, venga a mí y beba.
El que
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viva.
Juan 7:37-38 |
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Evangelio según san Juan
1 INTRODUCCIÓN
El Evangelio según San Juan, cuarto libro del
Nuevo Testamento. La tradición
eclesiástica de la segunda mitad del siglo II sostuvo que fue escrito por san
Juan Evangelista antes de su muerte, y publicado hacia finales del siglo I,
quizá en la antigua ciudad griega de Éfeso. Además, la tradición afirmó que es
el último de los Evangelios, opinión compartida y fundamentada por los
estudiosos modernos. Ésta es la razón de que aparezca en el canon del
Nuevo Testamento tras los tres Evangelios sinópticos (Mateo,
Marcos y Lucas). Los Evangelios sinópticos comparten un punto de vista y una temática central
comunes.
2 AUTOR
Desde el siglo XIX, la identidad del autor del Evangelio según san Juan ha
suscitado encendidas polémicas. Los especialistas conservadores de la actualidad
aceptan, en general, a san Juan Evangelista como autor, aunque otros, que no
pueden aceptar en absoluto que el autor fuera a la vez apóstol y testigo
presencial de los acontecimientos registrados en el libro, han propuesto
diversas hipótesis. Una de ellas propugna que el cuarto Evangelio canónico fue
escrito por ‘el Presbítero’ mencionado en las dos últimas Epístolas de san Juan.
Otras que fue compuesto por un discípulo de san Juan Evangelista (por lo cual se
basó, en parte, sobre las memorias que Juan conservó de los acontecimientos del
Evangelio); que acaso fuera compuesto por un amigo de Jesucristo, Lázaro de
Betania; o que fue escrito por un cristiano anónimo en Alejandría durante la
primera mitad del siglo II d.C. Los especialistas más liberales sitúan a Juan en
la última década del siglo I o en la primera del siglo II.
3 CONTENIDO
El Evangelio según san Juan se divide en cuatro secciones bien diferenciadas. La
primera (1,1-18) es un breve prólogo sobre la naturaleza de Jesucristo como
encarnación de “la Palabra”—o “el Verbo”— (1,1-2 y 14), o “Logos”, un término
que significa razón y que en la antigua filosofía griega representa el principio
rector del Universo. Logos designa, asimismo, una doctrina cristiana que explica
cómo el agente divino se manifiesta en la creación, ordenación y salvación del
mundo. La segunda sección (1,19-11,57, o según la división de otros
especialistas, 1,19-12,50) aporta el testimonio de que Jesús es el verdadero
Cristo o Mesías. Que Él es, en otras palabras, la manifestación del Logos
encarnado. Este testimonio lo prestan san Juan Bautista y los primeros
discípulos, pero se expresa sobre todo a través de los milagros o “señales”
(20,30) de Jesús, quien “manifestó su gloria” (2,11). Estos milagros son la
transformación del agua en vino en Caná (2,1-11), la curación del hijo de un
funcionario real (4,46-54), la curación de un hombre que llevaba 38 años enfermo
(5,1-9), la multiplicación de los panes y los peces (6,1-15) —el único milagro
registrado en los cuatro Evangelios—, la curación de un hombre ciego de
nacimiento (9,1-7) y la resurrección de Lázaro, amigo de Jesús, de entre los
muertos (11,1-46). Algunos especialistas consideran que la aparición de Jesús
caminando sobre las aguas (6,16-21) es también un milagro. Otros, que dudan que
deba considerarse como tal, enumeran otros como su muerte (19,30) y apariciones
como Cristo resucitado (20,1-29).
Algunos estudiosos afirman que la tercera sección de Juan comienza con los
últimos viajes de Jesús a Betania y Jerusalén, que marcaron el final de su
magisterio público (capítulo 12). Desde su punto de vista, esta parte comprende
la Pasión y Resurrección de Jesús (capítulos 12 al 20). Otros expertos, que
favorecen una línea temática y siguen la doctrina del Logos definida en el
prólogo, sostienen que el tema fundamental de esta sección es el regreso del
Hijo encarnado al seno del Padre. Según estos especialistas, la tercera sección
comenzaría entonces en el capítulo 13, una vez concluido el peregrinar de
Cristo, y sigue hasta el capítulo 20. En cualquier caso, incluye un relato de la
Última Cena; el último discurso y oración de Cristo, la así llamada sacerdotal;
párrafos narrativos, en la mayoría de los casos, que describen el drama de la
traición, arresto, juicio, Crucifixión y sepultura de Jesús; y el testimonio
personal trágico e inspirativo del sepulcro vacío y de las apariciones de Cristo
resucitado ante María Magdalena, los discípulos y el incrédulo Tomás. La cuarta
sección (capítulo 21) es un apéndice o epílogo. Allí, Cristo resucitado aparece
por tercera vez ante sus discípulos y ordena a Pedro: “apacienta mis corderos” y
“mis ovejas”, predice el martirio de este apóstol y habla acerca de un discípulo
al que ama. Éste se identifica como el propio autor del Evangelio (21,24).
El autor del Evangelio según san Juan escribió en una época en que las creencias
de los cultos arcanos y del gnosticismo circulaban en la Iglesia primitiva junto
con las primeras doctrinas del cristianismo. Al parecer, su intención era que
este Evangelio fuera en esencia una reinterpretación teológica de la persona y
la misión de Jesús. Presentó el mensaje en términos afines a las corrientes
filosóficas de su tiempo, en una forma quizá más comprensible para los
cristianos de la Iglesia posterior y para los gentiles helenistas que para sus
contemporáneos. Por sus características concretas, el principal objetivo del
autor fue contrarrestar la interpretación del gnosticismo docético que afirmaba
que Cristo, a pesar de tener apariencia humana, no podía sufrir ni morir. El
propósito explícito del Evangelio se revela en 20,30-31.
4 JUAN Y LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS
Desde hace mucho tiempo se reconoce que el Evangelio según san Juan es distinto
a los tres Evangelios sinópticos que lo preceden. Entre las diferencias más
conspicuas y significativas se cuenta la ausencia en Juan de cualquier registro
o descripción de temas biográficos e históricos tales como el nacimiento y la
infancia de Jesús, sus tentaciones, la Transfiguración, la institución de la
eucaristía y la agonía en el huerto de Getsemaní. Además, sólo Juan menciona la
transformación milagrosa del agua en vino en Caná, la resurrección milagrosa de
Lázaro, el lavado de los pies de sus discípulos en la Última Cena (13,1-20), los
bautismos realizados por Jesús y sus discípulos (3,22-36; 4,1-2), Nicodemo
(3,1-21), la mujer samaritana (4,7-26) y el incidente —que en la versión
primitiva no fue parte del Evangelio— de una mujer “sorprendida en el adulterio”
(7,53-8,11). También quedan en evidencia importantes diferencias cronológicas al
comparar el Evangelio según san Juan con los Evangelios sinópticos. En Juan, el
magisterio de Jesús se prolonga durante varios años, la Última Cena tiene lugar
antes de la Pascua judía y Jesús es crucificado antes del primer día de dicha
festividad.
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Juan
6:53
Jesús
les dijo:
De
cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y
bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el
día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me
come, él también vivirá por mí.
Este es
el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron;
el que come
de este pan, vivirá eternamente.
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