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viva.
Juan 7:37-38 |
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Iglesia católica apostólica romana
1 INTRODUCCIÓN
Iglesia católica apostólica romana, denominación de la iglesia cristiana de
mayor importancia e implantación en el mundo. En cuestiones de fe, sus
componentes reconocen la autoridad suprema del obispo de Roma, el papa. La
palabra católico (del griego katholikos, ‘universal’) se utiliza para designar a
esta Iglesia desde su periodo más temprano, cuando era la única cristiana.
Gracias a una sucesión episcopal ininterrumpida desde san Pedro hasta nuestros
días, la Iglesia católica apostólica romana se considera a sí misma la única
heredera legítima de la misión que Jesucristo encomendó a los doce apóstoles así
como de los poderes que les otorgó. Ha ejercido una profunda influencia en la
cultura europea y en la difusión de los valores de ésta en otras culturas. Tiene
gran importancia numérica en Europa y América Latina, aunque también es
considerable su influencia en otras partes del mundo. Al comenzar la década de
1990, el número de sus seguidores era de 995,8 millones (un 18,8% de la
población mundial).
2 ORGANIZACIÓN Y ESTRUCTURA
De acuerdo con la tradición cristiana primitiva, su unidad fundamental de
organización es la diócesis, asignada a un obispo. La Iglesia católica está
integrada por aproximadamente 1.800 diócesis y 500 archidiócesis, las cuales, en
la actualidad, no son más que sedes más distinguidas sin la jurisdicción
especial que mantenían antaño sobre los obispos cercanos. La iglesia más
importante de una diócesis es la catedral, donde el obispo preside la misa y
otras ceremonias. La catedral contiene la cátedra (del latín cathedra, ‘silla’)
episcopal, desde donde el obispo predicaba a la comunidad en los primeros
tiempos.
2.1 El obispo
El obispo posee el oficio litúrgico más importante de la diócesis. En síntesis,
se distingue de un sacerdote en la capacidad de conferir las órdenes sagradas y
de otorgar de forma habitual el sacramento de la confirmación. El obispo también
ostenta el más alto poder jurídico: tiene derecho a admitir sacerdotes en su
diócesis y a prohibirles el ejercicio dentro de ella; se encarga asimismo de
asignar parroquias u otras tareas a los sacerdotes que están a su cargo. Por lo
general, el obispo delega los problemas administrativos en su vicario, su
canciller u otros funcionarios. En diócesis muy amplias puede recibir la ayuda
de obispos auxiliares.
2.2 El clero
El clero secular y regular se encuentra bajo la directa jurisdicción del obispo.
No se compone de miembros de órdenes o congregaciones religiosas, sino de los
que han sido incorporados de una forma permanente a la diócesis bajo la
autoridad del obispo local. Lo forman los sacerdotes de las parroquias y los que
en ellas se encuentran destinados.
Sin embargo, el clero regular se debe ante todo a sus órdenes o congregaciones,
que generalmente van más allá de las fronteras de una sola diócesis. Mientras
trabajen en ella deben respetar las decisiones del obispo en las cuestiones
públicas referidas al culto, pero disfrutan de una gran libertad en el ejercicio
de sus funciones. Lo mismo puede decirse de las monjas (y también, en su caso,
las hermanas) y de los monjes, que pertenecen a una congregación pero que no
forman parte del clero. Su tarea principal suele consistir en la atención a las
escuelas, los hospitales y otras instituciones de caridad de la diócesis. Desde
el Concilio Vaticano II, los laicos, es decir, los miembros de la Iglesia que no
pertenecen a ninguna orden religiosa, han asumido un papel cada vez más
importante ayudando a los sacerdotes y a los obispos, en especial en temas
prácticos e incluso en el ejercicio pastoral, como la catequesis (formación
religiosa).
2.3 El papa
El rango de mayor autoridad de la Iglesia católica apostólica romana es el papa,
cuyas resoluciones son decisivas en cualquier materia. El papa asigna o traslada
de diócesis a los obispos. Aunque éstos ejercen sus poderes gracias a su
condición, no pueden hacerlo de una forma legítima sin el permiso del pontífice.
El 15 de septiembre de 1965, Pablo VI instituyó el Sínodo de los Obispos, un
cuerpo representativo de obispos y otros cargos que puede ser consultado por el
papa sobre asuntos importantes. El primer sínodo se reunió en la Ciudad del
Vaticano en 1967 y desde entonces se ha vuelto a reunir en varias ocasiones. Los
sínodos no deben confundirse con los concilios ecuménicos, solemnes reuniones de
todos los obispos del mundo. La Iglesia católica sólo ha celebrado 21 concilios
de este tipo en toda su larga historia. El último fue el Concilio Vaticano II
(1962-1965). Mientras se reúnen con el papa, los concilios ejercen la autoridad
suprema dentro de la Iglesia.
2.4 Los cardenales
Los cardenales son los más altos dignatarios de la Iglesia después del papa. Son
nombrados por el sumo pontífice y forman el Sacro Colegio Cardenalicio. Al morir
el papa eligen a su sucesor en un cónclave. La mayoría de los cardenales son
obispos de diócesis situadas por todo el mundo y otros son jefes de
congregaciones sagradas de la administración papal. El Sacro Colegio
Cardenalicio estaba limitado a 70 miembros (6 obispos cardenales, 50 sacerdotes
cardenales y 14 diáconos cardenales). En 1991 el número de cardenales era de 163
y la mayoría había sido nombrada por el papa Juan Pablo II.
2.5 La curia
Al papa le ayuda en la administración de la Iglesia una compleja burocracia
denominada curia. De orígenes remotos, la curia reside en la Ciudad del
Vaticano. Hoy está dirigida por el secretario de Estado, al que informan
diferentes oficinas que son actualmente el Consejo para los Asuntos públicos de
la Iglesia y otras 10 congregaciones, tres tribunales, tres secretarías y otros
despachos.
2.6 Iglesias de rito oriental
Casi todos los miembros de la Iglesia católica siguen una disciplina, un ritual
y un canon tradicionales que se desarrollaron en los primeros años de la
diócesis de Roma. Sin embargo, otros siguen sus propias tradiciones seculares.
Éstos pertenecen a las Iglesias de rito oriental o Iglesias uniatas, como la
maronita, la caldea, la rutena o la ucraniana. Algunas de estas Iglesias
practican la comunión con vino y pan, el bautizo por inmersión y permiten que el
clero contraiga matrimonio.
3 DOCTRINAS DISTINTIVAS
Aunque la Iglesia católica mantiene algunas doctrinas que la distinguen de otras
iglesias cristianas, su característica más acusada es la amplitud y
universalidad de su tradición doctrinal. La Iglesia católica fija sus orígenes
en las primeras comunidades cristianas y no reconoce ninguna ruptura decisiva en
su historia, con lo que se considera heredera de todo el legado teológico
apostólico, patrístico, medieval y moderno. Aunque pueda parecer que esta
universalidad doctrinal carece de coherencia interna, ayuda a legitimar el
término “católico” (universal) que la Iglesia se atribuye incluso en cuestiones
de doctrina. En principio la Iglesia no excluye ningún enfoque teológico y desde
la encíclica Divino afflante spiritu (1943) de Pío XII ha reconocido de forma
oficial los métodos modernos de exégesis en la interpretación de la Biblia. Su
participación en el movimiento ecuménico desde el Concilio Vaticano II ha hecho
que muchos católicos aprecien el punto de vista doctrinal incluso de los
protestantes, que rompieron con la Iglesia en el siglo XVI.
3.1 La Biblia
Como las otras iglesias cristianas, la católica tiene en la Biblia el pilar de
sus enseñanzas. Este punto nunca ha sido cuestionado y grandes teólogos como
santo Tomás de Aquino sostienen que “sólo las Escrituras” son la fuente de la
teología. Pero incluso desde este punto de vista muchos teólogos mantuvieron que
algunas verdades o ritos (como el bautismo de los niños), aunque no se describen
en las Escrituras, son válidos por su tradición dentro de la Iglesia. Acordaron
además que las decisiones de la Iglesia, en especial las que toman los concilios
ecuménicos, son interpretaciones auténticas de la doctrina cristiana y por tanto
vinculantes para toda la Iglesia de Cristo.
3.2 La tradición
Como reacción a la insistencia protestante durante la Reforma sobre el principio
de las Escrituras como única fuente, el Concilio de Trento afirmó en su cuarta
sesión que la verdad cristiana se encuentra en los “libros escritos” y en las
“tradiciones no escritas”. Aunque en esta decisión se habla sobre todo y casi en
exclusiva de la Biblia, la inserción de la expresión “tradiciones no escritas”
se interpretó hasta hace poco tiempo como la existencia de “dos fuentes” para
iluminar la doctrina. Hoy se debate sobre su sentido, pero su importancia ha
sido reducida al haberse llegado a un acuerdo entre los estudiosos católicos y
protestantes: se admite que los libros del Nuevo Testamento son por sí mismos
fruto de varias tradiciones o escuelas de la Iglesia primitiva.
3.3 La sucesión apostólica
En relación con el concepto teológico de tradición se encuentra la doctrina
referente a la sucesión apostólica, es decir, la transmisión sin interrupción de
la función religiosa desde los tiempos de Jesús hasta la actualidad. La doctrina
se encuentra ya en las Epístolas a los corintios, pero es atribuida, según la
tradición, al papa Clemente I. Existe también en una versión revisada dentro de
algunas confesiones protestantes, pero se sostiene con mayor intensidad dentro
de la Iglesia católica. Se la considera como la fuente de la sucesión de los
obispos en su ejercicio, y de su autoridad y liderazgo. El ejemplo más evidente
es que el papa es el sucesor de san Pedro, elegido por Jesús como la máxima
autoridad de su Iglesia (Mt. 16,16-18). Por tanto, el catolicismo le otorga la
misma autoridad y los mismos dones espirituales en la Iglesia de hoy que en las
primeras comunidades apostólicas.
Implícita en estas creencias está la idea de que la Iglesia tiene el derecho y
el deber de enseñar la doctrina y la moral cristianas de forma autorizada. La
corrección de estas enseñanzas viene asegurada por la presencia continuada del
Espíritu Santo en el seno de la Iglesia. A efectos prácticos, la teología
católica atribuye esta autoridad a los obispos, al papa y a los concilios
ecuménicos. En ciertas circunstancias, sus enseñanzas se consideran infalibles;
la autoridad de la Iglesia en sus enseñanzas se denomina de modo global como
magisterio de la Iglesia desde el siglo XIX.
3.4 La Iglesia
Dado el énfasis que la doctrina católica pone en la presencia del Espíritu Santo
en la Iglesia, la teología católica se ha ocupado más de los estudios
eclesiásticos que la teología de otros credos cristianos. Para corregir una
concepción demasiado jurídica de la Iglesia, el Concilio Vaticano II denominó
misterio a esta presencia y favoreció expresiones como “pueblo de Dios” para
describirlo. Una creencia fundamental de la Iglesia católica a lo largo de todos
los tiempos es que el amor y la gracia divina sólo pueden ser transmitidos al
mundo a través de la Iglesia.
3.5 Los santos
La Iglesia católica favorece la veneración de los santos y de la Virgen María
con más entusiasmo que otras iglesias occidentales. En 1854, el papa Pío IX
proclamó la doctrina de la Inmaculada Concepción de María y en 1950 el papa Pío
XII proclamó su Asunción. Debido a las críticas que recibe la Iglesia católica
por dejar que la veneración a los santos oscurezca la adoración debida a Dios,
la Iglesia ha intentado limitarla reduciendo el número de santos con días
señalados en la liturgia. Los católicos también creen que pueden ayudar a través
de sus rezos y sus buenas acciones a quienes han muerto sin haber sido
purificados de sus pecados. Esta creencia está muy relacionada con las doctrinas
del purgatorio y de la indulgencia.
4 CULTO Y COSTUMBRES
El culto católico está sin lugar a dudas centrado en la misa, a la que deben
asistir los creyentes todos los domingos y en algunas celebraciones importantes
del año. La misa se celebra a diario en la mayoría de las iglesias y es una
parte esencial de los matrimonios, los funerales y otros ritos católicos.
4.1 La misa
La misa se compone de varias partes. Las más importantes son la liturgia del
mundo y la eucaristía, durante la cual se realiza la comunión. Dentro de esta
estructura puede haber muchas variantes en la utilización de la música, la pompa
u otros métodos para hacer el servicio más apropiado a cada oportunidad.
Este potencial para la variación está ilustrado de forma gráfica en la historia
de la misa y en las diferencias que existen hoy entre el rito romano y el
oriental. Los cambios más radicales realizados en el rito romano fueron los que
instituyó el Concilio Vaticano II en su Sacrosanctum concilium (4 de diciembre
de 1963). La tendencia general de estas modificaciones era la de extirpar las
complejidades litúrgicas de la misa que enturbiaban su objetivo y su estructura
general. De todas las novedades del Concilio ninguna fue más espectacular que la
traducción de la liturgia y de los ritos de la Iglesia del latín original a las
lenguas vernáculas modernas.
4.2 Sacramentos
La eucaristía es uno de los siete sacramentos, que son los ritos simbólicos más
importantes que la Iglesia dispensa a sus miembros. Los católicos creen en la
presencia real de Cristo en la eucaristía a través del pan y el vino convertidos
en su cuerpo y su sangre (transubstanciación) y se los anima a recibir la
eucaristía en todas las misas a las que asistan. Los otros sacramentos son el
bautismo, la confirmación, la penitencia, las órdenes sagradas, el matrimonio y
la extremaunción. La teología católica enseña que estos símbolos, instituidos
por Cristo, tienen un efecto espiritual beneficioso sobre el que los recibe al
margen de la fe o la virtud del que los administra (ex opere operato).
La reforma litúrgica del Concilio Vaticano II modificó el sacramento de la
penitencia, restándole importancia respecto a la confesión de una detallada
lista de pecados para subrayar la naturaleza benefactora del perdón divino
obtenido a través del sacramento. Para enfatizar este propósito, se optó por el
término alternativo ‘sacramento de reconciliación’. Además de revisar otros
sacramentos, el Concilio determinó que la extremaunción debe administrarse a
cada enfermedad grave o al llegar a una avanzada edad con el objeto de que no se
posponga hasta el momento de la muerte. Por tanto, ya no deberá llamarse
extremaunción, sino en puridad, unción de los enfermos.
Pese a lo que se cree, el oficiante del sacramento del matrimonio no es el
sacerdote, sino cada uno de los contrayentes. Según la teología católica, la
unión que este sacramento crea entre dos personas bautizadas no puede ser rota.
Sin embargo, existen numerosas condiciones para que una unión sea válida, por lo
que a veces es posible que la Iglesia declare, tras estimarlo, que un matrimonio
ha sido nulo y sin efecto desde el principio. La anulación, a veces considerada
el equivalente católico del divorcio, se basa en diferentes principios. La
Iglesia enseña que el propósito del matrimonio es el amor mutuo y la
procreación.
4.3 Otras prácticas
Los católicos expresan su fe de muchas maneras además de asistiendo a la misa y
recibiendo los sacramentos. El rosario de la Virgen María, por ejemplo, aún es
muy popular. En las últimas décadas, la obligación de ayunar y de no comer carne
en algunas fechas se ha hecho opcional, pero aún es respetada por muchos fieles.
Aunque ha desaparecido la insistencia histórica de los obispos acerca de que los
niños deben estudiar en centros dirigidos por la Iglesia católica, muchos
católicos lo siguen haciendo, por lo que la Iglesia mantiene una importante red
de escuelas primarias y secundarias, y financia un gran número de universidades
en todo el mundo y un número aún mayor de cátedras de teología. La Iglesia
católica es responsable de forma directa o indirecta de un gran número de
publicaciones que comprenden desde periódicos populares hasta estudios muy
complejos.
4.4 Cuestiones contemporáneas
La Iglesia católica se ha caracterizado en los últimos tiempos por mantener
posiciones inflexibles en cuestiones polémicas. Desde la encíclica Rerum novarum
(1891) del papa León XIII, los pontífices han denunciado la injusticia de las
condiciones sociales y económicas creadas por las sociedades industrializadas
modernas, y han propuesto soluciones. Han denunciado la guerra nuclear,
solicitado de modo reiterado el final de la carrera armamentística e intentado
detener la explotación de las naciones pobres por las ricas. La protección a los
derechos humanos en el campo social, económico y político ha sido la guía de
estas declaraciones. La llamada teología de la liberación, articulada y
defendida por numerosos intelectuales católicos latinoamericanos, ha intentado
encajar estas preocupaciones en un marco de análisis menos tradicional, apelando
incluso a ideas marxistas.
Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha animado a los católicos a trabajar
con miembros de otras confesiones para alcanzar fines comunes y para reunir a
las diferentes iglesias cristianas. Aunque la Iglesia católica nunca se ha
adherido al Consejo Mundial de las Iglesias, mantiene contactos con esta
institución. En reconocimiento a los valores espirituales de otras religiones,
las misiones católicas posteriores al Concilio han pasado del proselitismo
disciplinario y excluyente a la práctica de un diálogo más respetuoso con esos
valores.
En otras cuestiones la Iglesia ha sido más conservadora y no menos inflexible.
La prohibición de los métodos artificiales de control de natalidad fue reiterada
por el papa Pablo VI en su encíclica Humanae vitae (1968). Este documento
levantó objeciones en círculos teológicos e incluso episcopales, algo insólito
para el pontificado moderno. Aunque su importancia aún se debate, es desde luego
la afirmación más autorizada al respecto dentro de la Iglesia católica, cuya
frontal oposición a las leyes de liberalización del aborto ha provocado
respuestas políticas en contra de la voluntaria interrupción del embarazo en
algunos países occidentales. Aunque la Iglesia permite que las mujeres
administren la eucaristía y realicen otras funciones en circunstancias
extraordinarias, prohíbe que sean ordenadas sacerdotes o diáconos. Para los
sacerdotes del rito romano el matrimonio está prohibido de forma taxativa.
5 HISTORIA
Hasta la ruptura con la Iglesia oriental en 1054 y con las Iglesias protestantes
en el siglo XVI resulta imposible separar la historia del catolicismo de la
historia del cristianismo en general. Sin embargo, la visión de su historia para
la Iglesia está basada en lo que considera su continuidad sin interrupciones
desde la Iglesia del Nuevo Testamento y, en consecuencia, acepta la legitimidad
de la evolución de su doctrina y de su estructura desde entonces. Los grandes
cambios culturales, teológicos y disciplinarios de la historia cristiana no se
estiman por tanto desviaciones de una norma absoluta de la Iglesia apostólica.
Se consideran más bien como la expresión de una forma diferente y más elaborada
de impulsos que ya existían desde su principio.
5.1 La Iglesia primitiva
El primer gran cambio en la historia cristiana fue su expansión desde Palestina
hasta el resto del Mediterráneo en las décadas que siguieron a la muerte de
Jesús. En poco tiempo, el cristianismo adquirió el idioma y el vocabulario
filosófico del mundo grecorromano para expresar y difundir su mensaje, así como
los procedimientos y la organización del Imperio romano. Sin embargo, la
característica figura del obispo ya había aparecido a mediados del siglo II. El
reconocimiento de la Iglesia por el emperador Constantino I el Grande en el 313
consolidó esta evolución y proporcionó apoyos a la Iglesia en las grandes
polémicas doctrinales de los siglos IV y V que determinaron su ortodoxia. En el
siglo V, el papa León I, obispo de Roma, reclamaba y ejercía hasta cierto punto
la primacía sobre congregaciones cristianas de otros lugares.
5.2 La Iglesia medieval
La caída del Imperio romano de occidente y la incorporación de los pueblos
germánicos a la Iglesia tuvieron un gran impacto en todos los aspectos de la
vida religiosa general, incluida una disminución del poder episcopal entre los
siglos VII y XI. Bajo la dirección de un Papado reformado a finales del siglo XI
se restauraron los derechos episcopales en medio de la amarga Querella de las
Investiduras que los papas sostuvieron frente a varios emperadores. Como
resultado de esto, el Papado emergió como el dirigente reconocido de la Iglesia
de occidente. El papa disponía además de una curia cada vez más centralizadora y
eficiente. El Derecho canónico fue revitalizado y puesto en práctica,
enfatizando el papel del pontífice en el gobierno de la Iglesia. Estas
transformaciones, sumadas a las Cruzadas, hicieron que la reconciliación con la
Iglesia oriental, después del Gran Cisma de Occidente (1054), fuera más difícil.
5.3 El periodo moderno
En parte como reacción a los cambios que nacieron de la Querella de las
Investiduras, la Reforma protestante estalló en pleno siglo XVI. La Iglesia
católica respondió con la Contrarreforma, reafirmando las tradiciones que se
habían implantado con el tiempo y en particular los elementos más atacados, como
la teología escolástica, la eficacia de los sacramentos y la primacía del papa.
Los ataques que la Iglesia recibió de la Ilustración y de la Revolución Francesa
condicionaron la posición defensiva que el catolicismo mantuvo hasta mucho
tiempo después. El Concilio Vaticano II intentó suavizar esta actitud. Aunque
los cambios que este Concilio introdujo originaron una considerable confusión
durante algunos años, la Iglesia católica mantiene su estabilidad y se expande
en muchas regiones del mundo.
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Juan
6:53
Jesús
les dijo:
De
cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y
bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el
día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me
come, él también vivirá por mí.
Este es
el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron;
el que come
de este pan, vivirá eternamente.
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