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La Gracia
Gracia, en la teología cristiana, favor no ganado, concedido por Dios a los individuos que por ello son redimidos y santificados. Gracia (en hebreo, hen) se utiliza en este sentido en la religión hebrea. En el Nuevo Testamento, gracia (en griego, charis) se asocia casi exclusivamente a la figura de Cristo. Con su muerte expiatoria, se revelaba el favor ilimitado de Dios. 2 PELAGIO Y AGUSTÍN DE HIPONA El primer conflicto teológico sobre la naturaleza del pecado y de la gracia aconteció a finales del siglo IV entre san Agustín de Hipona y el teólogo británico Pelagio. Éste afirmaba que cada persona es libre de obedecer o desobedecer a Dios y que toda persona incurre en el pecado, por lo que necesita la gracia de Dios. En la opinión de Pelagio, sin embargo, la gracia nos la ha dado Dios a través de las enseñanzas y el ejemplo de Jesús, así que mediante la gracia cada cual puede conocer el bien y el mal. Uno puede después rezar por la gracia de Dios como ayuda para realizar lo bueno. Sin embargo, este tipo de gracia es "resistible", porque cada uno es libre de rechazarla o no. Pelagio consideraba la salvación como la recompensa de Dios dada a una vida de obediencia elegida con libertad. San Agustín estaba de acuerdo en que Dios había creado a la humanidad libre para obedecerle o desobedecerle, pero afirmaba que la mancha del pecado original se transmitía de generación en generación mediante el acto de la procreación. Por lo tanto, la humanidad es incapaz de no pecar. Tan sólo la irresistible gracia de Dios puede liberarla del poder del pecado, y esa gracia fue dada en Cristo. Es accesible a los individuos mediante el ministerio de la Iglesia y en especial por el bautismo y los demás sacramentos. Los creyentes pueden pecar aún, pero aquellos a los que Dios elige perseveran y al fin alcanzan la salvación, no por sus méritos o buenas acciones, sino por la gracia triunfante de Dios. 3 LA EDAD MEDIA Los teólogos escolásticos, en especial santo Tomás de Aquino, variaron algo la doctrina agustiniana de la gracia. Santo Tomás introdujo una distinción entre el reino de la naturaleza y el reino de lo sobrenatural; el primero, afirmaba, puede ser conocido mediante la razón, mientras que el reino de lo sobrenatural sólo puede ser comprendido mediante la gracia de Dios que nos revela la verdad. Así, Tomás de Aquino abrió espacio a la razón aristotélica en el reino de la naturaleza y a la teología tradicional agustina en el reino de lo sobrenatural. Para él, la razón no está manchada por el pecado y produce el conocimiento adecuado dentro de sus limitaciones inherentes. La gracia no contradice o suplanta a la naturaleza, sino que la perfecciona. Los escolásticos hicieron también una serie de distinciones relativas a la gracia divina. La gracia pertenece al reino de lo sobrenatural, por lo que se necesita un acto de gracia para elevar a una persona al reino de la gracia. Esta es la gracia justificadora, o gracia de la elevación. Se necesita otra gracia, la llamada santificante, para consagrar a una persona y que ésta sea capaz de entrar en comunión con Dios. Además, también hay una “gracia gratuita”: la gracia de Dios no puede estar sujeta a ninguna vía concreta. La gracia puede ser permanente, como se reconoce en la vida inquebrantable y virtuosa de quien la recibe (gracia habitual); también puede recibirse en raras ocasiones para permitir algunos actos extraordinarios de obediencia a Dios (gracia verdadera). La teología escolástica vinculó la gracia casi por completo al orden sacramental, de ahí que, según esta doctrina, sea infundida por cada uno de los “siete sacramentos”; de esta forma se puede disponer del “tipo de gracia” que se necesita en cada momento. 4 LA REFORMA Los reformadores protestantes del siglo XVI diferenciaron la gracia de algunos aspectos de los sacramentos. Tanto Martín Lutero como Juan Calvino subrayaron la cualidad personal de la gracia. Para Lutero, la gracia depende de una relación personal con Dios y no puede ser concedida a un individuo fuera o en contra de la voluntad divina. Calvino afirmó que la gracia es una fuerza irresistible en el individuo que libera la voluntad de su esclavitud natural y es concedida sólo a quienes están predestinados por Dios a la salvación. Los reformadores protestantes también rechazaron la creencia escolástica en la eficacia de la razón sola para la comprensión del reino natural. Lutero y Calvino afirmaron que toda la creación está corrompida por el pecado, incluso la naturaleza y la razón tanto como la voluntad humana y los sentimientos. Así, retornaron a una interpretación del pecado y la gracia más agustiniana que la de los escolásticos. 5 EVOLUCIÓN MODERNA El pensamiento liberal protestante del siglo XIX y principios del XX desarrolló una idea optimista y casi pelagiana de la naturaleza humana. Tras la desilusión que produjo la I Guerra Mundial y sus consecuencias los teólogos protestantes más influyentes (entre ellos Karl Barth, Reinhold Niebuhr y Paul Tillich) intentaron recuperar una doctrina más agustiniana del pecado y de la gracia. Este movimiento neoortodoxo, sin embargo, no recuperó la idea de san Agustín
de la transmisión del pecado por la procreación y mantuvo el énfasis tradicional
protestante en la cualidad personal de la gracia sin negar el aspecto central de
los sacramentos. El trabajo de algunos teólogos católicos del siglo XX, como
Karl Rahner y Hans Küng, se encaminó en una dirección similar, bajo la
inspiración del existencialismo. |
Juan
6:53 De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el
día postrero. El que
come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Este es
el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron; | ||||||||||||||||||||||||||
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