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Ingreso/registro de miembros
fieles a la Iglesia Primitiva de Jesucristo.
Se requieres de datos verificables y fotografía reciente. |
| Si alguno
tiene sed, venga a mí y beba.
El que
cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua
viva.
Juan 7:37-38 |
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Espíritu Santo
Espíritu Santo, en la fe cristiana, la tercera persona de la Trinidad, siendo
las otras Dios Padre y Dios Hijo. En el Nuevo Testamento Jesucristo se refiere
al Espíritu Santo como "el Consolador... que mi Padre enviará en mi nombre" (Jn.
14,26).
Con lentitud se fue elaborando una teología del Espíritu Santo, sobre todo en
respuesta a las polémicas sobre la relación de Jesucristo con Dios Padre. En el
año 325, el Concilio de Nicea condenó como herejía la doctrina arriana, según la
cual el Hijo era una criatura que no era igual al Padre ni coeterna con él. En
el año 381 el Concilio de Constantinopla condenó la prolongación lógica de esa
opinión, que el Espíritu Santo había sido creado por el Hijo. El concilio
declaró: "Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del
Padre. Junto con el Padre y el Hijo recibe adoración y gloria". Posteriores
declaraciones sólo introdujeron un cambio doctrinal importante, el añadido en el
siglo IX de filioque al credo de Constantinopla. Ese añadido, que el Espíritu
Santo procede del Padre y del Hijo, ha sido fuente de discordia desde entonces
entre la cristiandad oriental y la occidental.
El Espíritu Santo es representado en las Sagradas Escrituras por medio de
símbolos: la paloma (Mc. 1,10), simbolizando paz y reconciliación; un torbellino
(He. 2) que simboliza la fuerza, y lenguas de fuego (He. 2) en representación
del éxtasis de los creyentes. El Espíritu Santo es considerado el santificador,
que dirige y guía a la Iglesia y a sus miembros.
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Juan
6:53
Jesús
les dijo:
De
cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y
bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el
día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me
come, él también vivirá por mí.
Este es
el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron;
el que come
de este pan, vivirá eternamente.
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