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tiene sed, venga a mí y beba.
El que
cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua
viva.
Juan 7:37-38 |
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Epigrama
Epigrama, en literatura, observación mordaz, aguda y concisa, generalmente
escrita en verso. Los epigramas de la Grecia antigua eran inscripciones hechas
en tumbas o estatuas. Además de los epigramas funerarios y votivos, se conservan
otros que reflexionan sobre los objetos y asuntos ligados con la escritura,
entre ellos uno que alerta sobre la amenaza de la "carcoma, enemiga de las
Musas". Los poetas latinos, entre ellos Catulo, Juvenal y especialmente Marcial,
desarrollaron el epigrama como una breve sátira en verso que acaba con alguna
expresión punzante. En la literatura española, la proximidad del epigrama con el
epitafio se revela en el soneto de Góngora Inscripción para el sepulcro de
Dominico Greco o en Inscripción en cualquier sepulcro de Jorge Luis Borges.
Durante el manierismo, lo epigramático aparece como una de las formas de la
agudeza que, como dice Baltasar Gracián en su Agudeza y arte de ingenio,
predomina entre los españoles, frente a la erudición de los franceses, la
elocuencia de los italianos y la invención de los griegos. "El que es nacido
para un epigrama no es decente para un sermón", concluye en otro momento Gracián.
En el siglo XVIII destaca Nicolás Fernández de Moratín (epigrama Saber sin
estudiar, por ejemplo). Aunque no siempre se haga mención al género, hay poemas
que por su concisión y agudeza participan también del epigrama: es el caso de
Ángel González (¿Recuerdas que querías ser Narciso?: "Pequeña estrábica,/ tú no
te preocupes;/ contempla el mundo y rompe los espejos"); las greguerías de Ramón
Gómez de la Serna; los "membretes" de Oliverio Girondo. En su novela Vitrina
pintoresca, Pío Baroja registra las inscripciones en las paredes y en las
muestras de tiendas. Borges hace algo semejante con las "inscripciones de los
carros". Pintadas en paredes y retretes, los grafitos, síntesis anónima de los
hechos e ideas de distintas épocas, deben clasificarse dentro del género
epigramático, desde los encontrados en Pompeya hasta los más recientes.
En Inglaterra, sobresalen John Donne, Jonathan Swift, Alexander Pope, este
último creador en el siglo XVIII de una forma de pareado epigramático, y Oscar
Wilde. En Francia, Voltaire y Nicolas Boileau-Despréaux. En Alemania, G. E.
Lessing. El epigrama también se encuentra en las literaturas china y japonesa.
Puede aplicarse el término a cualquier aforismo, dicho popular y hasta ciertos
ejemplos de cuentos brevísimos como los de Augusto Monterroso: "Hoy me siento
bien, un Balzac; estoy terminando esta línea" (En Fecundidad).
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Juan
6:53
Jesús
les dijo:
De
cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y
bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el
día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me
come, él también vivirá por mí.
Este es
el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron;
el que come
de este pan, vivirá eternamente.
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