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tiene sed, venga a mí y beba.
El que
cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua
viva.
Juan 7:37-38 |
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DOCTRINA
DE LOS APÓSTOLES
(Doctrina
Apostolorum)
(Didaché)
Enseñanza del Señor
transmitida a las naciones por los Doce Apóstoles
PRIMERA PARTE
El Catecismo o los «Dos caminos»
I. Existen dos caminos,
entre los cuales, hay gran diferencia; el que conduce a la vida y el que
lleva a la muerte. He aquí el camino de la vida: en primer lugar,
Amarás a Dios que te ha creado; y en segundo lugar, amarás
a tu prójimo como a ti mismo; es decir, que no harás a otro,
lo que no quisieras que se hiciera contigo. He aquí la doctrina
contenida en estas palabras: Bendecid a los que os maldicen, rogad por
vuestros enemigos, ayunad para los que os persiguen. Si amáis a
los que os aman, ¿qué gratitud mereceréis? Lo mismo
hacen los paganos. Al contrario, amad a los que os odian, y no tendréis
ya enemigos. Absteneos de los deseos carnales y mundanos. Si alguien te
abofeteare en la mejilla derecha, vuélvele también la otra,
y entonces serás perfecto. Si alguien te pidiere que le acompañes
una milla, ve con él dos. Si alguien quisiere tomar tu capa, déjale
también la túnica. Si alguno se apropia de algo que te pertenezca,
no se lo vuelvas a pedir, porque no puedes hacerlo. Debes dar a cualquiera
que te pida, y no reclamar nada, puesto que el Padre quiere que los bienes
recibidos de su propia gracia, sean distribuidos entre todos. Dichoso aquel
que da conforme al mandamiento; el tal, será sin falta. Desdichado
del que reciba. Si alguno recibe algo estando en la necesidad, no se hace
acreedor a reproche ninguno; pero aquel que acepta alguna cosa sin necesitarlo,
dará cuenta de lo que ha recibido y del uso que ha hecho de la limosna.
Encarcelado, sufrirá interrogatorio por sus actos, y no será
liberado hasta que haya pasado el último maravedi. Es con este motivo,
que ha sido dicho: «¡Antes de dar limosna, déjala
sudar en las manos, hasta que sepas a quien la das!»
II. He aquí
el segundo precepto de la Doctrina: No matarás; no cometerás
adulterio; no prostituirás a los niños, ni los inducirás
al vicio; no robarás; no te entregarás a la magia, ni a la
brujería; no harás abortar a la criatura engendrada en la
orgía, y después de nacida no la harás morir. No desearás
los bienes de tu prójimo, ni perjurarás, ni dirás
falso testimonio; no serás maldiciente, ni rencoroso; no usarás
de doblez ni en tus palabras, ni en tus pensamientos, puesto que la falsía
es un lazo de muerte. Que tus palabras, no sean ni vanas, ni mentirosas.
No seas raptor, ni hipócrita, ni malicioso, ni dado al orgullo,
ni a la concupiscencia. No prestes atención a lo que se diga de
tu prójimo. No aborrezcas a nadie; reprende a unos, ora por los
otros, y a los demás, guiales con más solicitud que a tu
propia alma.
III. Hijo mío:
aléjate del mal y de toda apariencia de mal. No te dejes arrastrar
por la ira, porque la ira conduce al asesinato. Ni tengas celos, ni seas
pendenciero, ni irascible; porque todas estas pasiones engendran los homicidios.
Hijo mío, no te dejes inducir por la concupicencia, porque lleva
a la fornicación. Evita las palabras deshonestas y las miradas provocativas,
puesto que de ambos proceden los adulterios. Hijo mío, no consultes
a los agoreros, puesto que conducen a la idolatría. Hijo mío,
no seas mentiroso, porque la mentira lleva al robo; ni seas avaro, ni ames
la vanagloria, porque todas estas pasiones incitan al robo. Hijo mío,
no murmures, porque la murmuración lleva a la blasfemia; ni seas
altanero ni malévolo, porque de ambos pecados nacen las blasfemias.
Sé humilde, porque los humildes heredarán la tierra. Sé
magnánimo y misericordioso, sin malicia, pacífico y bueno,
poniendo en práctica las enseñanzas que has recibido. No
te enorgullezcas, ni dejes que la presunción se apodere de tu alma.
No te acompañes con los orgullosos, sinó con los justos y
los humildes. Acepta con gratitud las pruebas que sobrevinieren, recordando
que nada nos sucede sin la voluntad de Dios.
IV. Hijo mío,
acuérdate de día y de noche, del que te anuncia la palabra
de Dios; hónrale como al Señor, puesto que donde se anuncia
la palabra, allí está el Señor. Busca constantemente
la compañía de los santos, para que seas reconfortado con
sus consejos. Evita fomentar las disenciones, y procura la paz entre los
adversarios. Juzga con justicia, y cuando reprendas a tus hermanos a causa
de sus faltas, no hagas diferencias entre personas. No tengas respecto
de si Dios cumplirá o no sus promesas. Ni tiendas la mano para recibir,
ni la tengas cerrada cuando se trate de dar. Si posees algunos bienes como
fruto de tu trabajo, no pagarás el rescate de tus pecados.No estés
indeciso cuando se trate de dar, ni regañes al dar algo, porque
conoces al dispensador de la recompensa. No vuelvas la espalda al indigente;
reparte lo que tienes con tu hermano, y no digas que lo tuyo te pertenece,
poque si las cosas inmortales os son comunes, ¿con cuánta
mayor razón deberá serlo lo perecedero? No dejes de la mano
la educación de tu hijo o de tu hija: desde su infancia enséñales
el temor de Dios. A tu esclavo, ni a tu criada mandes con aspereza, puesto
que confían en el mismo Dios, para que no pierdan el temor del Señor,
que está por encima del amo y del esclavo, porque en su llamamiento
no hace diferencia en las personas, sinó viene sobre aquellos que
el Espíritu ha preparado. En cuanto a vosotros, esclavos, someteos
a vuestros amos con temor y humildad, como si fueran la imagen de Dios.
Aborrecerás toda clase de hipocresía y todo lo que desagrade
al Señor. No descuides los preceptos del Señor, y guarda
cuanto has recibido, sin añadir ni quitar. Confesarás tus
faltas a la iglesia y te guardarás de ir a la oración con
mala conciencia. Tal es el camino de la vida.
V. He aquí
el camino que conduce a la muerte: ante todo has de saber que es un camino
malo, que está lleno de maldiciones. Su término es el asesinato,
los adulterios, la codicia, la fornicación, el robo, la idolatría,
la práctica de la magia y de la brujería. El rapto, el falso
testimonio, la hipocresía, la doblez, el fraude; la arrogancia,
la maldad, la desvergüenza; la concupiscencia, el lenguaje obsceno,
la envidia, la presunción, el orgullo, la fanfarronería.
Esta es la senda en la que andan los que persiguen a los buenos; los enemigos
de la verdad, los amadores de la mentira, los que desconocen la recompensa
de la justicia; los que no se apegan al bien, ni al justo juicio; los que
se desvelan por hacer el mal y no el bien; los vanidosos, aquellos que
están muy alejados de la suavidad y de la paciencia; que buscan
retribución a sus actos, que no tienen piedad del pobre, ni compasión
del que está trabajando y cargado, quie ni siquiera tienen conocimiento
de su Creador. Los asesinos de niños, los corruptores de la obra
de Dios, que desvían al pobre, oprimen al afligido; que son los
defensores del rico y los jueces inicuos del pobre; en una palabra, son
hombres capaces de toda maldad. Hijos míos, alejaos de los tales.
VI. Ten cuidado que
nadie pueda alejarte del camino de la doctrina, porque tales enseñanzas
no serían agradables a Dios. Si pudieses llevar todo el yugo del
Señor, serás perfecto; sinó has lo que pudieres. Debes
abstenerte, sobre todo, de carnes sacrificadas a los ídolos, que
es el culto ofrecido a dioses muertos.
SEGUNDA PARTE
De la Liturgia y de la Disciplina
VII. En cuanto al bautismo,
he aquí como hay que administrarle: Después de haber enseñado
los anteriores preceptos, bautizad en el agua viva, en el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo. Si no pudiere ser en el agua viva,
puedes utilizar otra; si no pudieres hacerlo con agua fría, puedes
servirte de agua caliente; si no tuvieres a mano ni una ni otra, echa tres
veces agua sobre la cabeza, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo. Antes del bautismo, debe procurarse que el que lo administra, el
que va a ser bautizado, y otras personas, si pudiere ser, ayunen. Al neófito,
le harás ayudar uno o dos días antes.
VIII. Es preciso que
vuestros ayunos no sean parecidos a los de los hipócritas,puesto
que ellos ayunan el segundo y quinto día de cada semana. En cambio
vosotros ayunaréis el día cuatro y la víspera del
sábado. No hagáis tampoco oración como los hipócritas,
sinó como el Señor lo ha mandado en su Evangelio. Vosotros
oraréis así:
«Padre nuestro que estás en el cielo, santificado
sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como
en el cielo; danos hoy nuestro pan cotidiano; perdónanos nuestra
deuda como nosotros perdonamos a nuestros deudores, no nos induzcas en
tentación, sinó libranos del mal, porque tuyo es el poder
y la gloria por todos los siglos.»
Orad así tres veces al día.
IX. En lo concerniente
a la eucaristía, dad gracias de esta manera. Al tomar la copa, decid:
«Te damos gracias, oh Padre nuestro, por la santa viña
de David, tu siervo, que nos ha dado a conocer por Jesús, tu servidor.
A tí sea la gloria por los siglos de los siglos.»
Y después del partimiento del pan, decid:
«¡Padre nuestro! Te damos gracias por la vida y
por el conocimiento que nos has revelado por tu siervo, Jesús. ¡A
Tí sea la gloria por los siglos de los siglos! De la misma manera
que este pan que partimos, estaba esparcido por las altas colinas, y ha
sido juntado, te suplicamos, que de todas las extremidades de la tierra,
reunas a ti Iglesia en tu reino, porque te pertenece la gloria y el poder
(que ejerces) por Jesucristo, en los siglos de los siglos.»
Que nadie coma ni bebe de esta eucaristía, sin haber sido antes
bautizado en el nombre del Señor; puesto que el mismo dice sobre
el particular: «No déis lo santo a los perros.»
X. Cuando estéis
saciados (de la ágapa), dad gracias de la menera siguiente:
«¡Padre santo! Te damos gracias por Tu santo nombre
que nos has hecho habitar en nuestros corazones, y por el conocimiento,
la fe y la inmortalidad que nos has revelado por Jesucristo, tu servidor.
A ti sea la gloria por los siglos de los siglos. ¡Dueño Todopoderoso!
que a causa de Tu nombre has creado todo cuanto existe, y que dejas gozar
a los hombres del alimento y la bebida, para que te den gracias por ello.
A nosotros, por medio de tu servidor, nos has hecho la gracia de un alimento
y de una bebida espirituales y de la vida eterna. Ante todo, te damos gracias
por tu poder. A Ti sea la gloria por los siglos de los siglos. ¡Señor!
Acuérdate de tu iglesia, para librarla de todo mal y para completarla
en tu amor. ¡Reúnela de los cuatro vientos del cielo, porque
ha sido santificada para el reino que le has preparado; porque a Ti solo
pertenece el poder y la gloria por los siglos de los siglos!»
¡Ya que este mundo pasa, te pedimos que tu gracia venga sobre nosotros!
¡Hosanna al hijo de David! El que sea santificado, que se acerque,
sinó que haga penitencia. Maran atha ¡Amén! Permitid
que los profetas den las gracias libremente.
XI. Si alguien viniese
de fuera para enseñaros todo esto, recibidle. Pero si resultare
ser un doctor extraviado, que os dé otras enseñanzas para
destruir vuestra fe, no le oigáis. Si por el contrario, se propusiese
haceros regresar en la senda de la justicia y del conocimiento del Señor,
recibidle como recibiríais al Señor. Ved ahí como
según los preceptos del Evangelio debéis portaros con los
apóstoles y profetas. Recibid en nombre del Señor alos apóstoles
que os visitaren, en tanto permanecieren un día o dos entre vosotros:
el que se quedare durante tres días, es un falso profeta. Al salir
el apóstol, debéis proveerle de pan para que pueda ir a la
ciudad donde se dirija: si pide dinero, es un falso profeta. Al profeta
que hablare por el espíritu, no le juzgaréis, ni examinaréis;
porque todo pecado será perdonado, menos éste. Todos los
que hablan por el espíritu; no son profetas, solo lo son, los que
siguen el ejemplo del Señor. Por su conducta, podéis distinguir
al verdadero y al falso profeta. El profeta, que hablando por el espíritu,
ordenare la mesa y comiere de ella, es un falso profeta. El profeta que
enseñare la verdad, pero no hiciere lo que enseña, es un
falso profeta. El profeta que fuere probado ser verdadero, y ejercita su
cuerpo para el misterio terrestre de la Iglesia, y que no obligare a otros
a practicar su ascetismo, no le juzguéis, porque Dios es su juez:
lo mismo hicieron los antiguos profetas. Si alguien, hablando por el espíritu,
os pidiere dinero u otra cosa, no le hagáis caso; pero si aconseja
se dé a los pobres, no le juzguéis.
XII. A todo el que
fuere a vosotros en nombre del Señor, recibidle, y probadle después
para conocerle, puesto que debéis tener suficiente criterio para
conocer a los que son de la derecha y los que pertenecen a la izquierda.
Si el que viniere a vosotros, fuere un pobre viajero, socorredle cuanto
podáis; pero no debe quedarse en vuestra casa más de dos
o tres días. Si quisiere permanecer entre vosotros como artista,
que trabaje para comer; si no tuviese oficio ninguno, procurad según
vuestra prudencia a que no quede entre vosotros ningún cristiano
ocioso. Si no quisiere hacer esto, es un negociante del cristianismo, del
cual os alejaréis.
XIII. El verdadero
profeta, que quisiere fijar su residencia entre vosotros, es digno del
sustento; porque un doctor verdadero, es también un artista, y por
tanto digno de su alimento. Tomarás tus primicias de la era y el
lagar, de los bueyes y de las cabras y se las darás a los profetas,
porque ellos son vuestros grandes sacerdotes. Al preparar una hornada de
pan, toma las primicias, y dalas según el precepto. Lo mismo harás
al empezar una vasija de vino o de aceite, cuyas primicias destinarás
a los profetas. En lo concerniente a tu dinero, tus bienes y tus vestidos,
señala tú mismo las primucias y haz según el precepto.
XIV. Cuando os reuniéreis
en el domingo del Señor, partid el pan, y para que el sacrificio
sea puro, dad gracias después de haber confesado vuestros pecados.
El que de entre vosotros estuviere enemistado con su amigo, que se aleje
de la asamblea hasta que se haya reconciliado con él, a fin de no
profanar vuestro sacrificio. He aquí las propias palabras del Señor:
«En todo tiempo y lugar me traeréis una víctima pura,
porque soy el gran Rey, dice el Señor, y entre los pueblos paganos,
mi nombre es admirable.»
XV. Para el cargo
de obispos y diáconos del Señor, eligiréis a hombres
humildes, desinteresados, veraces y probados, porque también hacen
el oficio de profetas y doctores. No les menospreciéis, puesto que
son vuestros dignatarios, juntamente con vuestros profetas y doctores.
Amonestaos unos a otros, según los preceptos del Evangelio, en paz
y no con ira. Que nadie hable al que pecare contra su prójimo, y
no se le tenga ninguna consideración entre vosotros, hasta que se
arrepienta. Haced vuestras oraciones, vuestras limosnas y todo cuanto hiciéreis,
según los preceptos dados en el Evangelio de nuestro Señor.
XVI. Velad por vuestra
vida; procurando que estén ceñidos vuestros lomos y vuestras
lámparas encendidas, y estad dispuestos, porque no sabéis
la hora en que vendrá el Señor. Reuníos a menudo para
buscar lo que convenga a vuestras almas, porque de nada os servirá
el tiempo que habéis profesado la fe, si no fuéreis hallados
perfectos el último día. Porque en los últimos tiempos
abundarán los falsos profetas y los corruptores, y las ovejas se
transformarán en lobos, y el amor se cambiará en odio. Habiendo
aumentado la iniquidad, crecerá el odio de unos contra otros, se
perseguirán mutuamente y se entregarán unos a otros. Entonces
es cuando el Seductor del mundo hará su aparición y titulándose
el Hijo de Dios, hará señales y prodigios; la tierra le será
entregada y cometerá tales maldades como no han sido vistas desde
el principio. Los humanos serán sometidos a la prueba del fuego;
muchos perecerán escandalizados; pero los que perseverarán
en la fe, serán salvos de esta maldición. Entonces aparecerán
las señales de la verdad. Primeramente será desplegada la
señal en el cielo, después la de la trompeta, y en tercer
lugar la resurrección de los muertos, según se ha dicho:
«El Señor vendrá con todos sus santos» ¡Entonces
el mundo verá al Señor viniendo en las nubes del cielo!
Fuente: Historia de la Iglesia
Primitiva,
por E. Backhouse y C. Tylor.
Editorial CLIE www.clie.es
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Ingreso |
Registro |
Ingreso/Registro de
Congregaciones (Iglesias) fieles a la Iglesia Primitiva de
Jesucristo.
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Juan
6:53
Jesús
les dijo:
De
cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y
bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el
día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me
come, él también vivirá por mí.
Este es
el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron;
el que come
de este pan, vivirá eternamente.
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