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Juan 7:37-38 |
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Apócrifos del Nuevo Testamento
Apócrifos del Nuevo Testamento (del griego apokryphos, 'oculto'), título que
hace referencia a más de 100 libros escritos por autores cristianos entre los
siglos II y IV d.C. Estos libros poseen dos características en común:
(a) en
general su estilo se asemeja al de las escrituras del Nuevo Testamento, pudiendo
clasificarse muchos de ellos dentro de las categorías literarias de evangelios,
hechos, epístolas y Apocalipsis;
(b) no pertenecen al canon del Nuevo Testamento
ni a los escritos de los Padres de la Iglesia reconocidos.
Algunos de estos documentos fueron escritos para destinarlos a iniciados en
grupos tales como los gnósticos (ver: Gnosticismo), que sostenían que la
sabiduría tenía su origen en una tradición secreta; estos libros eran
auténticamente apócrifos, es decir, "libros mantenidos ocultos". Otros fueron
compuestos para su uso abierto y generalizado en las Iglesias en las que sus
autores se integraban: no llegaron a ser aceptados como parte del canon ortodoxo
de la Biblia.
Algunos de estos textos, como el Evangelio según los Hebreos, debe
de haber tenido un rango de importancia en la vida cotidiana de los cristianos
de origen judío. Otros eran leídos en círculos gnósticos, como la Epístola de
Eugnostos hallada en los textos de Nag-Hammadi, una colección de tratados
gnósticos descubiertos entre 1945 y 1946. Los hay, como la Historia de la
Infancia de Tomás y los Hechos de Pilatos, elaborados para satisfacer la
curiosidad de la gente común de la Iglesia al rellenar "huecos" de los escritos
bíblicos con fantásticos detalles acerca de los aspectos desconocidos de la vida
de Jesús.
Los católicos y los protestantes utilizan de manera diferente el término
apócrifos al referirse a la literatura bíblica (deuterocanónicos). Sin embargo,
ambas corrientes incluyen los mismos libros dentro de los Apócrifos del Nuevo
Testamento.
Una gran proporción de la literatura apócrifa cae dentro de una de las formas
literarias del NT: evangelios, hechos, epístolas, Apocalipsis. Pero a menudo
esta similitud formal va acompañada de una gran diferencia conceptual. Esto
resulta particularmente evidente en los evangelios; tenemos evangelios sobre la
infancia, evangelios sobre la pasión, documentos con dichos y meditaciones
teológicas; pero (si excluimos los evangelios fragmentarios primitivos, de los
que de todos modos tenemos insuficiente información) es difícil encontrar obras
que, como los evangelios canónicos, se ocupen de las palabras y obras del Señor
encarnado. Los documentos que relatan hechos forman una clase numerosa, y
probablemente la más popular, sin duda por la gran atracción no sectaria de
muchos de los relatos. Las epístolas no son comunes a pesar de que casi todas
las obras del NT que a veces se han considerado seudo epigráficas son epístolas.
En cuanto a los Apocalipsis, existían precedentes judíos para atribuirlos a
alguna celebridad del pasado.
Hubo otra clase de literatura que adoptó algunas de las características de la
apócrifa: las disposiciones eclesiásticas de Siria y Egipto. Estas colecciones
de cánones sobre la disciplina y la liturgia en la iglesia, de las cuales
Constituciones apostólicas es la más popular, y que pretenden representar la
práctica apostólica, llegaron por convención a pretender origen apostólico; y la
más audaz, denominada Testamento de nuestro Señor, trata de pasar por un
discurso de Cristo posterior a la resurrección. Quizás la costumbre fue
estimulada por su éxito en la Didascalia del siglo III, y el equívoco sobre la
pretensión de apostolicidad de la Tradición apostólica de Hipólito (dos obras
que fueron muy saqueadas), junto con, en algunos casos, la popularidad del
cuento clementino.
Motivos
Ya en tiempos apostólicos había comenzado la creación de literatura apócrifa;
aparentemente Pablo debe autenticar su firma a causa de falsificaciones que
circulaban (2 Ts. 3.17). En el siglo II la literatura alcanza el nivel que le
corresponde, y a partir de ese momento adquiere un auge vertiginoso,
especialmente en Egipto y Siria. Prosigue hasta la Edad Media (época en la que
todavía se apreciaban las leyendas antiguas) y, ocasionalmente, a impulso del
sentimentalismo o de la simple excentricidad, o debido a una opinión
preconcebida, hasta nuestros propios días. Los diferentes motivos que hay detrás
de esta tendencia se relacionan así con el curso total de la historia cristiana
y subcristiana; pero algunos de los motivos que influyeron al comienzo son
particularmente importantes.
a. La literatura novelesca y el impulso literario
Se evidencia de diferentes maneras. Se manifiesta el deseo de satisfacer la
curiosidad en asuntos sobre los que el NT nada dice. Se produce una inundación
de evangelios sobre la infancia de Jesús, sin valor alguno, que cubren los años
de silencio entre Belén y el bautismo. A medida que el tema de la virgen María
adquiere prominencia en la teología y la devoción, obras seudo apostólicas
describen su nacimiento, su vida, y, finalmente, su asunción al cielo. Un lector
de Col. 4.16 consideró que le correspondía aportar la carta aparentemente
perdida a los laodicenses. El impulso literario aparece sobre todo en los
"hechos" novelísticos y en algunos de los evangelios, grotescos y fétidos, pero
repletos de maravillas y anécdotas; sin embargo, con todos sus defectos, muchos
de ellos tienen una cierta animación. Podremos entender mejor este movimiento si
lo consideramos como una rama de la literatura cristiana popular, y, si lo
estudiamos desde este punto de vista, encontramos que los libros más primitivos
revelan algunos de los temas que preocupaban a las congregaciones en los siglo
II y III: las relaciones con el estado, controversias con los judíos,
discusiones sobre el matrimonio y el celibato; además, dada su agresiva
insistencia en los milagros, ponen de manifiesto que la verdadera era de los
milagros ya había pasado. Las obras son toscas y aun vulgares; pero sus autores
conocían a su público. Para muchos deben haber reemplazado la literatura erótica
pagana popular, y en muchos casos con un verdadero deseo de edificar. No cabe
duda de que a los autores les resultaría muy difícil diferenciar sus propios
motivos o intenciones de los de autores del siglo XX tales como el de El manto
sagrado. No es necesario cuestionar la sinceridad del presbítero asiático que
fue expulsado por publicar los Hechos de Pablo cuando dijo que lo había hecho
"por amor a Pablo", que había muerto cien años antes. Esto ayuda a explicar cómo
ciertos cuentos y hasta libros enteros originados en círculos heréticos
mantuvieron y aumentaron su popularidad en círculos ortodoxos. Fueron los
maestros heréticos los que primero hicieron uso efectivo de este tipo de
literatura; y tuvieron tal éxito que otros trasmitieron, expurgaron e imitaron
las formas concebidas como vehículos de su propaganda.
b. La inculcación de principios que, según el autor, no estaban enunciados con
suficiente claridad en los libros del Nuevo Testamento
Naturalmente, aun cuando fuese una obra escrita "por amor a Pablo", cualquier
desproporción o aberración doctrinal del autor pasaba a su obra; más aun, es
posible que parte de su propósito edificativo fuese justamente el de inculcar
dicha aberración: el presbítero asiático, por ejemplo, tenía una obsesión en lo
que respecta a la virginidad, lo que hace que su obra, que de otro modo es más o
menos ortodoxa, esté alejada del espíritu evangélico. Pero hay muchas obras cuyo
propósito es deliberadamente sectario: el de promulgar un cuerpo de doctrina
complementario de la doctrina de los libros canónicos, o que la remplace. Estos
fueron fundamentalmente el resultado de los dos grandes movimientos
reaccionarios del siglo II, el gnosticismo y el montanismo. Las "Escrituras"
montanistas surgieron casi por accidente, y en nuestro sentido no eran
estrictamente apócrifas, porque, aunque pretendían preservar el testimonio vivo
del Espíritu Santo, no eran seudónimas; prácticamente han desaparecido. Escritos
que representan las múltiples expresiones del gnosticismo, sin embargo, existen
en gran cantidad. Obras como el Evangelio de la verdad, meditación en términos
gnósticos que refleja el lenguaje de las Escrituras canónicas, son menos comunes
que las obras que seleccionan, modifican e interpretan dichas Escrituras en una
dirección sectaria (comparece el Evangelio de Tomás de Nag Hammadi), las que
audazmente profesan contener doctrinas secretas que no se encuentran en ninguna
otra parte (comparece el Apocrifón de Juan), y las que simplemente atribuyen al
Señor o a los apóstoles las trivialidades de la doctrina gnóstica. Y por todos
estos fines la forma literaria apócrifa se volvió convencional.
La razón no es difícil de encontrar. En la era subapostólica y posteriormente,
debido a la inmensa expansión de la iglesia, a la intensificación del peligro de
persecución, y a la proliferación de doctrinas falsas, la apostolicidad se
convirtió en la norma de fe y de práctica; y a medida que decrecía el recuerdo
viviente de los apóstoles, la apostolicidad se fue centrando cada vez más en las
Escrituras del NT, sobre la mayor parte de las cuales había unanimidad en la
iglesia. Por lo tanto, para que se generalizara una nueva forma de enseñanza,
era necesario establecer su apostolicidad. Comúnmente se lograba esto declarando
poseer una tradición secreta procedente de un apóstol, o del propio Señor por
medio de un apóstol, ya sea como complemento de la tradición abierta de los
evangelios, o como correctivo. El apóstol favorecido variaba; muchas sectas
tenían inclinaciones judaicas, y Jacobo el justo, y, curiosamente, Salomé, eran
frecuentes fuentes de tradición; Tomás, Felipe, Bartolomé, y Matías también
aparecen constantemente. En el Evangelio de Tomás, por ejemplo, es Tomás el que
demuestra haber comprendido mejor la persona del Salvador (Mateo y Pedro –quizás
por ser los apóstoles vinculados a la confección de los dos primeros evangelios
de la iglesia– aparecen en desventaja). La obra Pistis Sofia, más fantástica
aun, concibe una especie de congreso de los apóstoles y las mujeres con el
Señor, pero indica que Felipe, Tomás y Matías tenían que escribir los misterios.
Probablemente algo contribuían a la selección del apóstol ciertos factores
locales: todos los mencionados estaban relacionados con Siria y el Este, algunos
de los lugares más fértiles para este tipo de literatura; y las especulaciones
acerca de Tomás como el mellizo del Señor ofrecían un motivo adicional de
fascinación. El proceso trajo aparejado un renovado interés en el período
posterior a la resurrección, en el que se solía ubicar discursos del Señor; esto
es significativo, porque poco se dice de este período en los evangelios
reconocidos, a la par que era característica constante de los gnósticos
subestimar la humanidad del Señor encarnado. Es digno de tener en cuenta que, si
bien las sectas sincretistas que adoptaron algunos elementos cristianos podían
obtener sus revelaciones en cualquier parte, el gnosticismo cristiano tenía que
mostrar que su conocimiento derivaba de fuentes apostólicas.
c. La preservación de la tradición
Resultaba inevitable que, en la primera época de la iglesia, algunos dichos del
Señor fuesen trasmitidos fuera de los evangelios canónicos. Como consecuencia,
algunos probablemente se transformaron hasta llegar a ser irreconocibles,
mientras que otros fueron adulterados tendenciosamente. El célebre prefacio de
Papías, que lo muestra recolectando oráculos del Señor para sus Exposiciones,
nos revela cuán conscientes estaban los cristianos ortodoxos a principios del
siglo II de la existencia de estos materiales circulantes, y los problemas que
ofrecía la tarea de reunirlos. Cualesquiera hayan sido sus limitaciones, Papías
fue escrupuloso al estudiar su material; sin embargo, los resultados no siempre
fueron felices, y quizás no todos sus contemporáneos hayan tenido tantos
escrúpulos. Es posible, entonces, que a veces se haya preservado material
genuino junto con otro que ni siquiera es digno de mención.
De igual manera, es probable que el recuerdo de la vida y la muerte de los
apóstoles se haya mantenido vivo por algún tiempo, y los "hechos" apócrifos, aun
cuando teológicamente fueran dudosos, a veces podían preservar tradiciones
genuinas o reflejar situaciones adecuadas.
El deseo de trasmitir dichos recuerdos sin duda ejerció influencia en la
producción de la literatura apócrifa; pero no podía vencer la tendencia a
inventar, ampliar, mejorar, o reorientar. Cualquier tarea de selección resulta,
por lo tanto, peligrosa; y como bien sabían eruditos tales como Orígenes, ya era
peligroso en la época patrística. En consecuencia, se reconoció universalmente
la necesidad de basarse únicamente en los documentos indiscutibles.
La literatura apócrifa en la iglesia primitiva
La presencia de tan variados escritos bajo nombres apostólicos cuando la
apostolicidad constituía la norma hizo imperioso determinar cuáles eran los
verdaderos escritos apostólicos, y a los primeros eruditos cristianos no les
faltaba ni visión ni talento crítico. (Canon del Nuevo Testamento). Pero es
admirable cuán poco se ve afectada la lista de libros generalmente considerados
canónicos por las discusiones sobre la literatura apócrifa. Algunas iglesias
tardaron mucho en aceptar libros que actualmente se consideran canónicos.
Algunas dieron un lugar de prominencia a obras como 1 Clemente y el Pastor de
Hermas. Pero casi ninguno de los libros en, digamos, el Apocryphal New Testament
de M. R. James fueron alguna vez "libros excluidos del NT" en ningún sentido.
Estaban más allá de toda consideración. La literatura petrina ocasionó mayor
preocupación que otras. En la época de Eusebio, la discusión, con excepción de
la concerniente a 2 Pedro, ya estaba cerrada, pero hay pruebas positivas de que
al menos el Apocalipsis de Pedro fue empleado durante un tiempo en algunas
partes.
A este respecto resulta de interés la carta de Serapión, obispo de Antioquía, a
la congregación en Rosón ca. 190 d.C. La iglesia había empezado a utilizar el
Evangelio de Pedro. Evidentemente había habido oposición, pero Serapión,
satisfecho de la estabilidad de la congregación, había autorizado su lectura
pública después de una breve inspección. Pero luego hubo problemas. Serapión
leyó el evangelio más cuidadosamente y encontró que no sólo lo habían aceptado
iglesias cuyas tendencias eran sospechosas, sino que también reflejaba en
algunos puntos la herejía docética (que negaba la realidad de la humanidad de
Cristo). Según su propio resumen, "la mayor parte pertenece a la verdadera
enseñanza de nuestro Señor", pero algunas cosas (de las cuales agregó una lista)
le habían sido añadidas. Dice también: "Aceptamos a Pedro y los otros apóstoles
como a Cristo, pero como hombres de experiencia sometemos a prueba los escritos
que falsamente se les atribuye, sabiendo que tales cosas no nos fueron
trasmitidas.
"En otras palabras, la lista de libros apostólicos ya era tradicional. Podían
leerse otros libros, siempre que fueran ortodoxos. El Evangelio de Pedro entre
otros no era tradicional; su uso en Rosón era resultado de un pedido específico,
pero hubo oposición. Al principio Serapión nada había hallado que justificase
una prolongada controversia: dado el caso que fuera espurio, al menos era
inofensivo. Cuando una mejor inspección reveló sus tendencias, se prohibió su
uso en cualquier forma en la iglesia.
Parecería que es posible entender mejor el curso de los acontecimientos si,
siguiendo el ejemplo del proceder de Serapión, admitimos que el reconocimiento
de que un libro era espurio no comprendía necesariamente una completa
prohibición de su lectura pública, siempre que fuera de algún valor devocional y
no tuviera tendencias heréticas: una especie de posición intermedia análoga a la
de los apócrifos en el sexto artículo anglicano. Pero aun un libro herético, si
tenía otros aspectos positivos, podía, no obstante, leerse privadamente, y ser
objeto de los elogios correspondientes. De esta manera la literatura apócrifa
llegó a ejercer influencia duradera sobre la devoción medieval, y el arte y la
historia cristianos.
Sin embargo, nada hay que sugiera que formaba parte aceptada de la práctica
universal del siglo I o II el compilar libros en nombre de un apóstol,
procedimiento que insinúan algunas teorías sobre la paternidad de ciertos libros
del NT, y el caso del autor de los Hechos de Pablo es un ejemplo de acción
drástica contra este tipo de publicaciones.
Al pasar de cualquiera de los escritos del NT a los mejores escritos apócrifos
neotestamentarios (que realmente emanaron de la comunidad cristiana primitiva)
nos introducimos en un mundo diferente. Si 2 Pedro (para tomar el libro del NT
que más comúnmente se asigna al siglo II) formara parte del apocrifón, se
trataría de un libro único entre los apócrifos.
Algunas obras representativas
Podemos mencionar algunas de las formas apócrifas más representativas. Hablando
en general, se trata de algunas de las obras más antiguas y de mayor
importancia. En pocos casos existen textos completos; para algunos de ellos
dependemos de citas de escritores de épocas primitivas.
a. Evangelios apócrifos primitivos
Escritores de los siglo III y IV citan una cantidad de fragmentos de estos
primeros evangelios. Todavía se debate acerca del carácter y las interrelaciones
de dichos evangelios. El Evangelio según los hebreos era conocido por Clemente
de Alejandría, Orígenes, Hegesipo, Eusebio, Jerónimo, quien dice (aunque no
siempre se le cree) que lo tradujo al griego y al latín (De Viris Illustribus 2)
del arameo en caracteres hebreos, y que lo usaron los nazarenos, que constituían
una secta judeocristiana. La mayor parte de las personas, dice, erróneamente lo
tomaron por el original hebreo del Evangelio de Mateo mencionado por Papías, lo
cual recuerda que Ireneo conocía sectas que sólo utilizaban Mateo. Por cierto
que algunos de los extractos que nos han llegado tienen puntos de contacto con
Mateo; otros vuelven a aparecer en otras obras, siendo la más reciente de ellas
el Evangelio de Tomás. Tiene un fuerte tono judeocristiano, y registra una
aparición después de la resurrección a Jacobo el Justo. Eusebio menciona un
relato, que se encuentra tanto en Papías como en el Evangelio de los hebreos, de
una mujer acusada de muchos pecados ante Jesús. A menudo se la ha considerado
como la historia de la mujer adúltera que figura en muchos manuscritos de
Jn. 8.
Este evangelio probablemente refleja la actividad de judeocristianos de Siria
que empleaban una tradición de Mateo (el evangelio "local") y otras tradiciones
locales, algunas de ellas indudablemente válidas. Los nazarenos lo llamaban "El
evangelio según los apóstoles", título sospechosamente beligerante.
Epifanio, un autor siempre confuso, menciona una versión mutilada de Mateo
utilizada por la secta judeocristiana que él llama "ebionita". Se lo ha tomado
como el Evangelio de los hebreos, pero los extractos ofrecen una versión
diferente de la natividad y el bautismo, e indudablemente se trata de una obra
sectaria y tendenciosa. Puede tratarse del Evangelio de los doce apóstoles
mencionado por Orígenes.
El Evangelio de los egipcios se conoce principalmente a través de una serie de
citas en el Stromateis de Clemente de Alejandría. Algunos gnósticos lo usaron, y
sin duda se originó en alguna secta egipcia. Las porciones que aun permanecen se
refieren a un diálogo entre Cristo y Salomé sobre el repudio a las relaciones
sexuales. Se incluye un documento con el mismo título en la biblioteca de Nag
Hammadi, pero no está relacionado con la obra que conocía Clemente, sino que se
trata de un tratado gnóstico esotérico.
Los papiros nos han dado una cantidad de fragmentos de evangelios no canónicos.
Los más celebres, designados, serán considerados posteriormente bajo el
Evangelio de Tomás. El que le sigue en interés es el llamado Evangelio
desconocido publicado por H. I. Bell y T. C. Skeat en 1935, que describe
incidentes al modo sinóptico, pero con diálogos y vocabulario propios de Juan.
Este manuscrito, fechado ca. 100 d.C., es uno de los más antiguos manuscrito
griego que se conocen. Según algunos se basa en el cuarto evangelio, y quizás
también en uno de los sinópticos, mientras que otros consideran que es un
ejemplo primitivo de literatura cristiana popular independiente de aquellos (Lc.
1.1).
b. Evangelios sobre la pasión
El evangelio más importante del cual contamos con una porción considerable es el
Evangelio de Pedro de (mediados [?]) del siglo II, del cual existe un gran
fragmento copto que abarca desde el juicio hasta la resurrección (El fragmento
Akhmim). Se lo ha equiparado con las "memorias de Pedro", quizás mencionadas por
Justino, pero esto es inapropiado.
Se destaca el elemento milagroso. La guardia ve tres hombres que salen de la
tumba, dos cuyas cabezas llegan hasta el cielo, y uno que lo sobrepasa. Una cruz
los sigue. Una voz del cielo exclama, "Les has predicado a los que duermen", y
una voz desde la cruz responde, "Sí" (1 P. 3.19). Se reduce la culpa de Pilato,
y a la vez se destaca la de Herodes y los judíos; quizás se refleja aquí tanto
una apologética favorable al estado como una controversia con los judíos.
El fallo de Serapión no estaba equivocado; la mayor parte es sensacionalista,
pero no peligrosa. Pero hay frases reveladoras: "Mantuvo silencio, como el que
no siente dolor", y la interpretación del grito de abandono: "Mi poder, me has
abandonado," seguido por el emocionado "fue levantado", demuestran que el autor
no valoraba adecuadamente la humanidad de nuestro Señor.
Evangelio de Nicodemo es el nombre que se le dio a la obra compuesta que existe
en varias recensiones en griego, latín, y copto, del cual los principales
elementos son "Los hechos de Pilato", que pretende ser una versión oficial del
juicio, la crucifixión y la sepultura, una síntesis de los debates y las
investigaciones del sanedrín, y una relación sumamente colorida del "Descenso al
infierno". Hay diversos apéndices en las diferentes versiones; uno de ellos, una
carta al emperador Claudio, podría constituir el ejemplo más antiguo de los
"Hechos de Pilato". Apologistas tales como Justino apelan confiadamente a los
registros del juicio, en la suposición de que existen. Tertuliano conocía
relatos sobre los informes favorables de Pilato a Tiberio acerca de Jesús.
Dichos "registros" habrían de aparecer en su momento, especialmente cuando un
gobierno perseguidor ca. 312 d.C., utilizó informes falsificados y blasfemos del
juicio con fines de propaganda. Nuestro libro de "Hechos" podría ser un
documento destinado a oponerse a los mencionados. El "Descenso al infierno"
puede pertenecer a una época bastante posterior en el mismo siglo, pero ambas
partes de la obra probablemente se sirven de materiales más antiguos. La
característica sorprendente es la virtual vindicación de Pilato, sin duda por
motivos políticos. Cuando estos relatos entraron a formar parte de las leyendas
bizantinas, Pilato se convirtió en santo, y la iglesia copta todavía rememora su
martirio. No hay ningún texto crítico adecuado.
c. Evangelios sobre la infancia
El Protoevangelio de Jacobo adquirió gran popularidad; existen muchos
manuscritos en muchos idiomas (aunque ninguno en latín), y ha tenido una
profunda influencia en la mariología posterior. Orígenes lo conocía, de modo que
debe ser del siglo II. Nos brinda el nacimiento y la presentación de María, su
casamiento con José (un anciano con hijos) y el nacimiento milagroso del
Salvador (una partera corrobora su virgnidad en el momento del parto). Fue
escrito, evidentemente, en apoyo de ciertas teorías sobre la virginidad
perpetua. El supuesto autor es Jacobo el justo, aunque en determinado momento
José se convierte en el narrador.
El otro evangelio influyente de la antigüedad relacionado con la infancia es el
Evangelio de Tomás, que ofrece algunos relatos bastante repulsivos sobre los
años de silencio. La versión que tenemos parece haber sido expurgada de sus
discursos gnósticos. Es distinta de la obra existente en Nag Hammadi del mismo
nombre; a veces resulta difícil saber con seguridad a qué obra se refieren los
escritores patrísticos.
d. Los evangelios de Nag Hammadi
En la biblioteca de Nag Hammadi hay varios evangelios en copto que no se
conocían anteriormente, además de nuevas versiones de otros (Quenoboskión).
Uno de los textos comienza así: "El evangelio de la Verdad es un gozo" (frase
inicial y no título), y continúa con una verbosa y a menudo oscura meditación
sobre el plan de la redención. Es evidente la terminología gnóstica del tipo de
la escuela valentiniana, pero no en la forma evolucionada que vemos en Ireneo,
Alude a la mayoría de los libros del NT de una manera que sugiere el
reconocimiento de su autoridad. Comúnmente se piensa que es el "Evangelio de la
Verdad" que Ireneo atribuye a Valentino, aunque esto se ha negado. Van Unnik
presentó la atractiva proposición de que fue escrito antes del rompimiento de
Valentino con la iglesia de Roma (en la que una vez fue candidato a un
obispado), cuando estaba tratando de establecer su ortodoxia. Esta obra
constituiría así un testimonio importante para la lista de libros autorizados
(sustancialmente similar a la nuestra) en Roma ca. 140 d.C.
El hoy famoso Evangelio de Tomás es una colección de dichos de Jesús, que suman
aproximadamente 114, con poca organización aparente. Una elevada proporción se
asemeja a los dichos en los evangelios sinópticos (inclinándose más hacia
Lucas), pero casi siempre con diferencias significativas que a menudo adoptan
una dirección gnóstica; y entre otros temas gnósticos se minimiza el AT y se
destaca la necesidad de eliminar la conciencia del sexo. Se cree que se trata
del evangelio utilizado por los gnósticos naasenos, pero se ha puesto en duda su
carácter originalmente gnóstico, y algunos están dispuestos a ver en él
tradiciones independientes de cierto valor. Para G. Quispel las variantes son de
tipo similar a las del texto ("occidental") de Beza, como así también a las del
Diatesarón de Taciano y las obras seudoclementinas. En un artículo más reciente
Quispel relaciona el Evangelio de Tomás con los encratitas más que con los
gnósticos. Los Logia de Oxirrinco, que incluyen el celebrado "Levanta la piedra
y me encontrarás", vuelven a aparecer en una forma que sugiere que pertenecieron
a una antigua versión griega de dicho libro. Tomás (a quien probablemente se
considera gemelo de Jesús) desempeña el papel central en la tradición, pero se
afirma que Jacobo el Justo se convierte en el jefe de los discípulos, una de las
varias indicaciones de que existe una fuente judeocristiana.
Este libro curioso e inconsecuente está plagado de problemas, pero hasta el
momento parecería que con seguridad podemos ubicar sus orígenes en Siria (lo que
posiblemente explique los semitismos que aparecen en el texto), donde siempre
hubo una actitud más liberal hacia el texto del evangelio y más influencias
nocivas que en otras partes.
El principal interés del Evangelio de Felipe (gnóstico, aunque resulta difícil
descubrir la secta correspondiente) radica en su doctrina sacramental
extraordinariamente perfeccionada, en la que hay mayores misterios en lo
relativo al crisma y a la "cámara nupcial" que en lo relativo al bautismo. El
lenguaje es repulsivo: el interés que pone en el repudio de lo sexual equivale a
obsesión.
e. Los hechos "leucianos"
Los cinco principales "hechos" apócrifos tendrán que representar a un número
considerablemente mayor. Los maniqueos, que seguramente los heredaron de fuentes
gnósticas, los reunieron en un corpus. Fotio, bibliófilo del siglo IX, atribuyó
todo el conjunto a un tal "Leucio Carino", pero es probable que Leucio haya sido
simplemente el nombre ficticio del autor de los Hechos de Juan, el libro más
primitivo (y menos ortodoxo) de todo el corpus.
Data del 150–160 d.C. aproximadamente y describe milagros y sermones
(decididamente gnósticos) del apóstol Juan en Asia Menor. Refleja ideales
ascéticos, pero contiene algunas anécdotas atractivas entre elementos menos
dignos de aceptación. También pretende relatar lo que el propio Juan narró
acerca de algunos incidentes con el Señor, como también su despedida y su
muerte. Litúrgicamente resulta de algún interés e incluye la primera eucaristía
por los muertos de que se tiene noticia.
También los Hechos de Pablo es de fecha temprana, porque Tertuliano conoció
gente que justificaba la predicación femenina, como asimismo la facultad de
bautizar, apoyándose en dicha obra. Dice que fue escrito ostensiblemente "por
amor a Pablo" por un presbítero asiático, que por ello fue depuesto. Esto tiene
que haber ocurrido antes del año 190 d.C., probablemente más cerca del 160 d.C.
Esta obra refleja una época de persecución. Contiene tres secciones principales:
(i) Los hechos de Pablo y Tecla, una joven de Iconio que rompe su compromiso
matrimonial después de escuchar la predicación de Pablo, es milagrosamente
protegida del martirio (ganándose el interés de la "reina Trifena", Trifena y
Trifosa), y ayuda a Pablo en sus viajes misioneros. Puede haber existido algún
núcleo histórico, si bien no necesariamente una fuente escrita relativa a Tecla.
(ii) Correspondencia adicional con la iglesia de Corinto.
(iii) El martirio de Pablo (legendario).
El tono es intensamente ascético (comparese las bienaventuranzas de Pablo en
relación con el celibato, cap(s). 5), pero por lo demás es ortodoxo. Hay muchos
manuscritos incompletos, incluyendo una considerable sección del original
griego.
Hechos de Pedro es algo posterior, pero siempre dentro del siglo II. El
manuscrito principal, en latín (a menudo llamado Hechos de Vercelli), empieza
con la despedida de Pablo a los cristianos de Roma (quizás proveniente de otra
fuente). A causa de las intrigas de Simón el mago la iglesia romana cae en la
herejía, pero, en respuesta a la oración, llega Pedro y derrota a Simón en una
serie de encuentros públicos. A esto sigue un complot contra Pedro iniciado por
paganos cuyas esposas los habían dejado como resultado de su predicación, la
huida de Pedro, que incluye la historia de ¿Quo Vadis?, y su retorno para ser
crucificado, lo que se hizo cabeza abajo. Un fragmento copto alusiones a una
porción perdida indican que otras historias se ocupaban de las preguntas que
surgieron en la comunidad acerca del sufrimiento y la muerte. Al igual que en
otros "hechos" apócrifos, las actividades de Pedro y Pablo se complementan, y la
iglesia romana aparece como una fundación paulina. El tono ascético es tan
intenso como siempre, pero el elemento gnóstico no siempre se impone; es
posible, sin embargo, que tengamos ediciones expurgadas. Se disputa su lugar de
origen, pero es casi seguro que tuvo origen oriental. Es digno de mencionar que
en la biblioteca de Nag Hammadi los dos únicos documentos descritos como
"hechos" se relacionan con Pedro. Los Hechos de Pedro, de origen copto, tienen
alguna afinidad con los Hechos de Pedro, de origen latino, pero estos últimos
son mucho más exagerados en su interés por destacar lo ascético.
Los Hechos de (Judas) Tomás se diferencian de los otros. Son producto del
cristianismo sirio, y es casi seguro que fueron escritos en siria en Edesa, a
principios del siglo III. Describen la manera en que los apóstoles echaron
suertes para dividirse el mundo, y Judas Tomás, el mellizo, fue nombrado para ir
a la India. Fue como esclavo, pero fue el instrumento de la conversión del rey "Gundafar"
y de muchos otros indios notables. En todas partes predica la virginidad, y con
frecuencia es encarcelado como consecuencia del éxito que obtiene. Finalmente es
martirizado.
Esta obra tiene ciertas características gnósticas; por ejemplo el famoso "Himno
del alma" que aparece en ella tiene el conocido tema gnóstico de la redención
del alma de la corrupción de la materia: el hijo del rey es enviado a matar al
dragón y a traer de vuelta la perla del país lejano. Evidentemente hay cierta
relación, que todavía no se ha podido precisar, con el Evangelio de Tomás; y el
título de Tomás, "mellizo del Mesías", es elocuente. El llamamiento a la
virginidad es más pronunciado, más estridente, que en todos los demás "hechos",
pero se trataba de una característica del cristianismo sirio. Pocos rastros hay
de gnosticismo en el sentido de la posesión de misterios ocultos; el autor está
demasiado ocupado en predicar y recomendar su evangelio.
Hay versiones completas en sirio y griego. Aparentenente estos "hechos"
evidencian cierto conocimiento real de la historia y la topografía de la India.
Hechos de Andrés es el más reciente (ca. 260 d.C. [?]) y, en nuestros
manuscritos, el más fragmentario de los "hechos" atribuidos a Leucio. Está
estrechamente relacionado con los Hechos de Juan, y Eusebio menciona su carácter
gnóstico. Describe predicaciones entre los caníbales, milagros, exhortaciones en
favor de la virginidad, y, quizá añadido de otra fuente, el martirio en Grecia.
Gregorio de Tours nos ofrece un resumen del mismo.
f. Epístolas Apócrifas
Las más importantes son la Tercera epístola a los corintios (véase Hechos de
Pablo); la Epístola de los apóstoles, que en realidad es una serie de visiones
apocalípticas de principios del ss. II preparadas en forma de un discurso en
nombre de todos los apóstoles para trasmitir enseñanzas de Cristo posteriores a
la resurrección (importante por ser uno de los ejemplos más primitivos de este
tipo); la Correspondencia de Cristo y Abgar, en la que el rey de Edesa invita a
nuestro Señor a su reino, y de la cual Eusebio nos ofrece una temprana
traducción tomada del sirio; la Correspondencia de Pablo y Séneca en latín,
apología del siglo III en defensa de la dicción de Pablo, evidentemente con el
fin de conseguir que se leyeran las cartas genuinas en círculos distinguidos; y
la Epístola a los laodicenses, en latín, un centón de lenguaje paulino que se
evoca en Col. 4.16. El fragmento muratorio menciona epístolas a los laodicenses
y a los alejandrinos, de origen marcionita, pero no hay pruebas de su
existencia. La tan citada Carta de Léntulo, que describe a Jesús, y que
pretendidamente estaba dirigida al senado, es medieval.
g. Los apocalipsis
El Apocalipsis de Pedro es la única obra estrictamente apócrifa de la cual
tenemos pruebas concluyentes de que mantuvo una posición cuasi canónica durante
algún tiempo. Aparece en el fragmento muratorio, pero va acompañada de una nota
que dice que algunos se oponen a que se lea en la iglesia. Al parecer Clemente
de Alejandría se refirió a ella en una obra perdida, considerándola canónica, y
en el siglo V era leído el viernes santo en algunas iglesias de Palestina. Pero
nunca se la aceptó universalmente, y su canonicidad no era una cuestión candente
en los días de Eusebio. Parecería ser sustancialmente ortodoxa. Una antigua
esticometría le asigna 300 líneas; aproximadamente la mitad aparece en la copia
principal del Evangelio de Pedro. Contiene visiones del Señor transfigurado, y
espeluznantes relatos de los tormentos de los condenados, quizás con una confusa
referencia a un futuro período de prueba.
Hubo varios Apocalipsis de Pablo gnósticos, uno de ellos conocido por Orígenes,
inspirado en 2 Co. 12.2ss. Una versión de uno de ellos (que influyó en Dante) ha
sobrevivido.
En la biblioteca de Nag Hammadi el libro V comprende cuatro apocalipsis, uno de
Pablo, dos de Jacobo y uno de Adán. El Apocalipsis de Pablo en esta colección es
diferente a los que se conocían anteriormente. Todas estas obras son gnósticas
en su enseñanza.
h. Otras obras apócrifas
Las Predicaciones de Pedro (o Kerygmata Petrou) nos son conocidas sólo por
fragmentos, en su mayor parte conservados por Clemente de Alejandría. Orígenes
tuvo que vérselas con eruditos gnósticos que las utilizaban y los desafió para
que demostraran su autenticidad (en Jn. 13.17). Esta obra ha sido postulada como
fuente de la obra clementina original. Los fragmentos que tenemos pretenden
preservar palabras de nuestro Señor y de Pedro, y por lo menos uno de ellos
concuerda con el Evangelio de los hebreos.
Las Homilías clementinas y las Recogniciones clementinas son las dos formas
principales de un relato en el que Clemente de Roma, en busca de la verdad
suprema, viaja por los mismos lugares que el apóstol Pablo, y finalmente se
convierte. Es probable que ambos deriven de una novela cristiana inmensamente
popular del siglo II, que puede haber utilizado las Predicaciones de Pedro. Los
problemas literarios y teológicos que encierra son sumamente complejos. Las
homilías, en particular, promueven una forma sectaria de cristianismo judaizado.
El Apocrifón de Juan era popular en los círculos gnósticos, y ha reaparecido en
Nag Hammadi. El Salvador aparece a Juan en el Monte de los Olivos, le ordena que
escriba doctrinas secretas, las deposite en lugar seguro y las imparta solamente
a aquellos cuyo espíritu pudiera entenderlas y cuyo modo de vida fuese digno.
Hay una maldición para todo el que imparta la doctrina con fines de lucro a
personas indignas. Ha de fecharse antes de 180 d.C., probablemente en Egipto. En
los documentos de Nag Hammadi hay un relato de la creación, la caída y la
redención de la humanidad.
El Apocrifón de Jacobo también se ha descubierto en Nag Hammadi. Es una
exhortación a buscar el reino, en forma de un discurso posterior a la
resurrección, dirigido a Pedro y a Jacobo, que ascienden con el Señor, pero no
pueden entrar en el tercer cielo. Su interés reside en que es muy antiguo
(125–150 d.C. [?]), en la prominencia de Jacobo (el Justo [?]), que envía a los
apóstoles a hacer su obra después de la ascensión, y, en opinión de van Unnik,
en que está libre de influencias gnósticas. F. E. Williams, en sus acotaciones
introductorias a su traducción del texto de Nag Hammadi en The Nag Hammadi, cree
encontrar indicios de temas gnósticos y sugiere que es de origen
gnóstico-cristiano. | |
Juan
6:53
Jesús
les dijo:
De
cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y
bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el
día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que
come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me
come, él también vivirá por mí.
Este es
el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y
murieron;
el que come
de este pan, vivirá eternamente.
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